Un análisis privado revela las diferencias entre distritos y advierte que la recuperación económica todavía no logra traducirse en generación sostenida de puestos de trabajo registrados.
Un análisis del Ieral (Fundación Mediterránea) permite conocer las asimetrías en el mercado laboral argentino. El promedio nacional de empleo público provincial es de 50 trabajadores cada 1.000 habitantes. Chaco registra 68 empleados públicos provinciales cada 1.000 habitantes, superando el promedio nacional.
En el otro extremo, Tierra del Fuego encabeza el ranking con 141 empleados públicos provinciales cada 1.000 habitantes, seguida por La Rioja y Neuquén con 111 cada una, y Santa Cruz con 109. Catamarca registra 100, Jujuy 83 y Chubut 79. Dentro del pelotón intermedio que supera el promedio nacional, además de Chaco, se ubica la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con 64.
La economista Laura Caullo, de Fundación Mediterránea, señaló que «en buena parte del país, el empleo estatal continúa teniendo un peso central dentro de la estructura ocupacional provincial, especialmente en jurisdicciones con menor densidad de empleo privado formal».
Este panorama se da en un contexto de achicamiento del Estado a nivel nacional. Desde que Javier Milei asumió la presidencia, más de 66.000 personas dejaron de trabajar para el Estado y las empresas estatales, contando desde municipios hasta el Gobierno nacional.
Fundación Mediterránea planteó que las diferencias entre provincias «no son sólo estadísticas: reflejan distintos niveles de productividad, desarrollo empresarial, inserción exportadora y capacidad de generar empleo formal».
Al observar el empleo asalariado privado registrado, el mapa se invierte. El promedio nacional es de 144 trabajadores privados formales cada 1.000 habitantes. Chaco aparece con 64 empleados privados formales cada 1.000 habitantes, por debajo del promedio nacional. Formosa aparece con apenas 37, seguida por Santiago del Estero con 52.
La Ciudad Autónoma de Buenos Aires lidera el ranking con 519 empleados privados formales cada 1.000 habitantes, aunque el informe aclara que «una parte importante (alrededor de medio millón de trabajadores) residen en Partidos del Gran Buenos Aires y se trasladan a la ciudad». Detrás se ubican Neuquén (219) y Tierra del Fuego (198).
El informe de Caullo advierte que la recuperación económica que transita Argentina en 2026 no se traduce todavía en generación sostenida de empleo privado formal. «Durante el último año, cerca de 100 mil trabajadores asalariados privados registrados perdieron su empleo, mientras crecieron modalidades laborales más frágiles, como monotributistas (con más de 90 mil nuevos registros) y empleo no registrado», señaló la economista.
La reactivación tiene un sesgo sectorial: los sectores que muestran mejor desempeño —energía, minería, agroindustria y exportaciones— representan apenas el 3% del empleo total y el 7% del empleo asalariado privado registrado. Fundación Mediterránea advirtió que «esos sectores, aunque dinámicos en inversión y exportaciones, no tienen capacidad suficiente para absorber empleo masivo».
Caullo subrayó que «el empleo privado formal concentra mayores niveles de productividad, estabilidad e ingresos, además de aportar al financiamiento previsional», y alertó que cuando el empleo crece en segmentos de baja productividad, «la recuperación económica y social pierde solidez».
Las asimetrías provinciales no son un dato nuevo, pero el análisis de Fundación Mediterránea pone en perspectiva cuán distintas son las condiciones de partida de cada jurisdicción. Aquellas con estructuras productivas más diversificadas y mayor densidad de empleo privado formal «probablemente tengan mejores condiciones para captar inversiones, sostener salarios y adaptarse a una economía más competitiva y abierta», concluyó Caullo.
