Una semana antes de las elecciones de 2023, un medio advirtió sobre los riesgos de votar a Javier Milei. Ahora, a casi tres años de su mandato, el debate sobre libertad de prensa y valores democráticos vuelve a estar en el centro de la escena.
Una semana antes de las elecciones de 2023 en las que resultó electo presidente Javier Milei, en la tapa de una revista se publicó un editorial titulado “No vote a Milei”. Allí se señalaba: “Durante toda su campaña la confrontación de LLA no fue contra el populismo (que lo practica), sino contra la democracia como sistema”, “critica el voto universal, secreto y obligatorio a través de sus dos iniciadores, Yrigoyen en 1916 y Alfonsín en 1983”, “no es conveniente votar a La Libertad Avanza, a la que le asigno rasgos indudablemente antidemocráticos”.
El texto recordaba que durante la dictadura, argentinos bien intencionados prefirieron gobiernos antidemocráticos con tal que prometieran llevar adelante sus ideas económicas y terminaron siendo sus víctimas. La frase del analista político Mariano Grondona, a quien nadie podía considerar de izquierda, decía que “se prefería que flotara el dólar aunque flotaran cadáveres en las aguas”, en referencia a los desaparecidos arrojados desde los aviones al mar.
“Cualquier cosa con tal de que no sea peronismo” fue el mensaje de las urnas en 2023, y el mensaje tácito en el golpe de 1976 y otros anteriores. La ilusión de las elites de que podrán “manejar” al extremista que gobierna: enderezarlo, orientarlo, dirigirlo, enseñarle, persuadirlo, comprarlo, hasta anularlo cuando ya haya cumplido su misión o no sea más útil.
Hoy, los argentinos parecen estar despertando de la pesadilla de Milei. “¿Esto votamos?”. Descubren el peor de los sentimientos, el unheimlich, lo siniestro, el espanto que surge cuando algo familiar y hogareño se vuelve monstruoso, como explicaba Freud. “¿Yo voté esto?”. E, inconscientemente, “¿Yo soy responsable de esto?”.
Parte del periodismo sufre doblemente este dolor. Las heridas en el cuerpo y en el alma que había dejado el kirchnerismo obnubilaron su consciencia haciendo creer que cualquier cosa que no fuera peronismo sería mejor, incluso un mono al que luego se podría amansar y civilizar. Hoy, el monstruo parido desde las entrañas no solo ataca al periodismo, sino que le produce un doble mal con periodistas oficialistas que siguen defendiéndolo, ya no por error o ingenuidad, sino por conveniencia y falta de pudor.
El jueves en Diputados, integrantes de la Comisión de Libertad de Expresión, sin la presencia de las autoridades que la presiden (de La Libertad Avanza), realizaron una exposición de los ataques que recibe el periodismo, llegando al paroxismo del cierre de la Sala de Prensa de la Casa de Gobierno, que reabrirán este lunes “envalentonados” con el reempoderamiento que Adorni siente haber obtenido al salir “indemne” de su paso por el Congreso.
Paralelamente, Fernando Stanich, presidente de Fopea, advirtió que “hay que encender luces de alerta porque se están empezando a pasar límites”. Fopea también publicó un análisis de los 113.000 tuits del Presidente en su informe “El insulto como estrategia”. La Academia Nacional de Periodismo prepara un acto y un contundente mensaje para el 7 de junio, Día del Periodista, y Reporteros sin Fronteras informó que la Argentina sufrió un retroceso histórico en el ranking mundial de libertad de prensa en 2026, cayendo 11 lugares, para ubicarse en el puesto 98.
Como si hiciera falta algo más, el Presidente, a la salida del Congreso tras la primera parte de la exposición de Adorni, cuando los periodistas acreditados allí le preguntaron si resultaban suficientes las explicaciones de su funcionario, les gritó “¡Chorros!”.
Ya no hay vuelta atrás. Milei, como los duendes que cuando se salen de la lámpara no se los puede volver a colocar en ella, tiene vida propia. Solo resta esperar democráticamente que sea vencido en las urnas y finalice su mandato, pero lo más importante es haber aprendido la lección. No importa que un gobierno practique ideas económicas con las que esencialmente se esté de acuerdo, si esas ideas son contrarias a los valores democráticos, más tarde o más temprano se terminará devorando incluso a quienes fueron beneficiados económicamente. No hay economía en un frasco de laboratorio, no hay economía fuera del ecosistema político, cultural y moral.
Si Milei termina enseñándonos lo que no terminamos de aprender con la dictadura y corregimos en 2027, podremos consolarnos con que, por lo menos, la experiencia nos dejó enseñanza. Y los periodistas son quienes más tienen que aprender por su doble responsabilidad.
