sábado, 12 septiembre, 2026

Roberto Frenkel, exprofesor de Milei, propone tres cambios al programa económico

El economista Roberto Frenkel, quien fue profesor del presidente Javier Milei, cuestionó la sostenibilidad del programa económico actual y sugirió modificaciones estructurales para evitar una crisis.

El economista Roberto Frenkel, referente académico y exprofesor del presidente Javier Milei, puso en duda la viabilidad del programa económico del Gobierno en el mediano y largo plazo. Según advirtió, el esquema actual —atravesado por episodios de volatilidad— solo podría sostenerse si se corrige el tipo de cambio para generar superávit externo y acumular reservas genuinas.

El especialista detalló que, sin ese ajuste, el proceso corre el riesgo de repetir patrones ya conocidos en la historia económica argentina y regional. “En las últimas décadas, la Argentina y países como México y Chile experimentaron numerosos episodios en los que programas de desinflación basados en atraso del tipo de cambio terminan en una crisis de balance de pagos”, afirmó.

Frenkel describió que la dinámica típica de este tipo de ciclos económicos consta de una fase inicial de expansión tras una devaluación fuerte, seguida por un deterioro progresivo de las condiciones financieras. “Una maxi devaluación permite un ajuste fiscal rápido, acelera la inflación —por el shock de costos importados— y el poder adquisitivo salarial se recupera de forma transitoria, lo que estimula la demanda y reduce el déficit”, explicó sobre las consecuencias iniciales de estos programas.

Sin embargo, Frenkel afirmó que “este proceso nunca es duradero” y agregó: “En la siguiente etapa aumenta la incertidumbre y las tasas de interés deben subir para sostener la financiación externa, lo que finalmente desencadena una contracción económica”. En ese marco, recordó que este comportamiento fue ampliamente estudiado en la literatura económica, incluyendo su propio trabajo sobre mercados financieros y expectativas cambiarias, donde analizó experiencias como las de la gestión de Martínez de Hoz y los procesos de los años ’80.

El desenlace, sostuvo, suele repetirse: “Llega un punto en el que el balance de pagos se resiente, se quedan sin reservas, hay incertidumbre, hay que subir las tasas de interés, entra una fase contractiva. La incertidumbre dificulta aún más el financiamiento de la situación deficitaria que se genera por el atraso cambiario y termina en una crisis financiera de balance de pagos que tiene que ser resuelta vía una maxi devaluación”.

Según el análisis de Frenkel, la clave no está en los ajustes de corto plazo, sino en atacar los desequilibrios estructurales. Como referencia, mencionó el caso de Colombia, que logró reducir la inflación desde niveles cercanos al 30% a menos del 5% en ocho años mediante un esquema de metas de inflación acompañado por un tipo de cambio real más competitivo. “Es claro que hay que subir el tipo de cambio, hay que partir de la inflación que genere esa actualización para que sea una estabilización sostenible”, remarcó.

En esa línea, consideró que el programa actual muestra similitudes con experiencias pasadas: el impulso inicial tras la “maxi devaluación” puede sostenerse solo mientras haya financiamiento externo disponible. La mejora fiscal, basada en buena medida en la licuación de ingresos vía inflación, “no es sostenible, ya que, cuando se agotan las alternativas de financiamiento, suben las tasas de interés y estalla la crisis”.

Frenkel también señaló una diferencia relevante respecto de episodios previos: “Hubo una corrida que ocurrió antes de las elecciones porque la gente sabía que el tipo de cambio estaba muy atrasado y que se estaba postergando una devaluación porque había elecciones. Apareció el gobierno norteamericano poniendo lo que faltaba. Esa fue una novedad completa”. Según explicó, esa intervención permitió sostener la prima cambiaria en torno de “520 y no de 1.000”.

El economista insistió en que la acumulación de reservas es un punto crítico y solo puede lograrse con superávit externo o inversión extranjera directa. “La única manera de tener reservas es con superávit de la cuenta corriente o bien con inversión extranjera directa”, sostuvo. En contraste, advirtió que un esquema basado en endeudamiento externo es inherentemente frágil. Como ejemplo, mencionó los proyectos bajo el RIGI por u$s78.000 millones —principalmente en energía— que, si bien relevantes, no implican ingresos inmediatos. Además, planteó que sectores como la minería, el petróleo o el agro, aun en expansión, no garantizan una mejora generalizada en el empleo ni en los ingresos. “Entonces no es sostenible, ni durable”, concluyó.

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