Desde 2013, la localidad chaqueña de Juan José Castelli impulsa un encuentro de escultores que busca darle al Impenetrable una identidad artística propia, con el apoyo del creador de la Bienal Internacional de Escultura del Chaco, Fabriciano Gómez.
El Impenetrable chaqueño, conocido por su riqueza ecológica, comenzó a forjar desde 2013 una nueva identidad: la del arte escultórico. En Juan José Castelli, un grupo de vecinos y referentes culturales inició un proceso que busca que el monte tenga su propia voz artística, más allá de los mapas internacionales que lo señalan como reserva de biosfera.
Todo comenzó con una conversación entre el Dr. Fredy Lázara Valdez, médico cordobés radicado en Castelli, y Fabriciano Gómez, creador de la Bienal Internacional de Escultura del Chaco en Resistencia. Valdez, quien había construido en la localidad el Sanatorio Norte, la residencia geriátrica, el Hotel Portal del Impenetrable y el club de rugby Abipones, compartió con Gómez la idea de generar un encuentro de escultores en la zona.
“Nosotros lo que queríamos era hacer algo. Siempre con mi esposa Kuky, nos maravillamos con el fenómeno de la Bienal Internacional de Resistencia. Un día coincidimos con Fabriciano en un evento y lo charlamos. Y hoy estamos acá, aunque parezca mentira”, recordó Valdez años después.
Fabriciano Gómez, quien había transformado a Resistencia en la Capital Nacional de las Esculturas y consolidado un circuito de más de 650 obras, vio en Castelli la posibilidad de volver al origen del arte en la plaza, aquel que surgió en 1988 con el Primer Concurso Nacional de Escultura en Madera. Sin infraestructura sofisticada, el arte nació como un diálogo entre el artista y el territorio.
Durante siete años, Gómez viajó a Castelli para acompañar el proceso, no como protagonista, sino como asesor. “Se corrió del centro”, explican quienes lo conocen. En Resistencia era el presidente de la Fundación Urunday; en Castelli eligió ser el que acompaña sin imponer, validando con su presencia pero sin colonizar con su nombre.
Así, el Impenetrable sumó una nueva capa de significado: ya no solo es humedal y marea verde, sino también territorio de arte. La gesta silenciosa de Castelli sigue construyéndose, cincel a cincel, en cada encuentro de escultores que busca darle al monte su propia voz.
