La muestra reúne textiles, cerámicas y trabajos en madera de artesanos de Santiago del Estero y celebra los 25 años de la Asociación Adobe. Se inaugura el miércoles 7 de octubre en Buenos Aires.
Hay territorios que también pueden recorrerse con las manos. Están en la textura de un tejido, en el color que deja un tinte natural, en una pieza de madera trabajada hasta revelar sus vetas o en la arcilla recogida de la tierra y convertida en cerámica. El monte santiagueño es uno de esos territorios: un paisaje que no funciona solamente como escenario, sino como materia, memoria y fuente de conocimiento.
Esa relación entre naturaleza, cultura y comunidad es el eje de “La Riqueza del Monte”, la exposición que desde el miércoles 7 de octubre podrá visitarse en el Museo de Arte Popular José Hernández (MAP). La muestra reúne textiles, cerámicas y trabajos en madera realizados por artesanos y artesanas de Santiago del Estero, junto con obras colaborativas y piezas surgidas de procesos de formación impulsados por la Asociación Adobe, que este año celebra 25 años de trabajo sostenido con comunidades rurales del sureste de la provincia.
Más que una exhibición de objetos, el recorrido propone acercarse a las personas y a los saberes que están detrás de cada pieza. El hilado manual, los tintes naturales, las arcillas locales y las maderas del monte forman parte de un patrimonio artesanal vinculado a la cultura quichua santiagueña, un legado que conserva una fuerte dimensión histórica y cultural pero que, al mismo tiempo, continúa transformándose.
En ese movimiento entre herencia y presente aparece una de las preguntas que atraviesa la exposición, formulada por el curador Julio Sánchez Baroni: “¿ebanista, artesano, carpintero, artista?”. La interrogación pone en crisis las categorías rígidas y propone mirar de otro modo aquello que ocurre en los espacios de producción artesanal. Allí donde existe un oficio transmitido de generación en generación también puede haber experimentación, búsqueda estética, aprendizaje colectivo y creación.
La sección de carpintería presenta obras colaborativas de Pascual Flamenco, Rolando Mojica y Dolores Mallea (Cruz del Sur), además de una pieza del artesano Renzo Galeano. En el área textil participan Marina Landriel, Nelly Melián y Claudia Mazzola, autoras del tríptico Creer para ver. La cerámica está representada por trabajos de Luciano Giménez, realizados junto a jóvenes y adultos del Grupo de Cerámica. A estas piezas se suman otras producciones surgidas de los talleres de capacitación de Adobe.
Cada material establece, de algún modo, una conversación con el territorio. La madera conserva algo del monte; la arcilla lleva consigo la tierra; los textiles reúnen fibras, colores y técnicas que hablan de una geografía y de una comunidad. En esa trama, la muestra busca poner en primer plano una producción artesanal que no pertenece solamente al pasado, sino que permanece activa y encuentra nuevas formas de expresión.
El diseño expositivo está a cargo de Guadalupe Tagliabue, junto con Lucía Marchi y el equipo de la Asociación Adobe, con la colaboración de Horacio Torres, del MAP. El recorrido se completa con registros audiovisuales, testimonios y materiales de archivo que permiten conocer los procesos de producción y acercarse a las historias de quienes sostienen esos oficios.
Veinticinco años junto al monte
“La Riqueza del Monte” también funciona como una celebración de los 25 años de la Asociación Adobe, una organización sin fines de lucro nacida en 2001 a partir del impulso de Andreina Bassetti Rocca. Desde entonces, la entidad trabaja junto a comunidades rurales del sureste santiagueño en proyectos vinculados con la educación, la salud, la cultura y el desarrollo local, con el objetivo de ampliar oportunidades, favorecer el arraigo y fortalecer la identidad cultural.
Uno de los capítulos centrales de esa trayectoria fue la recuperación y revitalización del arte textil santiagueño. El proyecto acompañó la formación de nuevas artesanas y contribuyó a consolidar el tejido como oficio y también como una posibilidad concreta de desarrollo económico para las comunidades.
La historia de Silvina Bravo es un ejemplo de ese proceso. Comenzó a formarse en la Escuela de Telar cuando tenía 15 años y hoy dirige su propio taller textil, donde mantiene varios telares en actividad y una producción sostenida. Su recorrido muestra cómo un saber transmitido puede convertirse, a través de la formación y el acompañamiento, en una herramienta de autonomía y de futuro.
El trabajo de Adobe también se extiende a la conservación del monte en Quimilí Paso, acompañando a las familias que lo habitan y promoviendo el acceso a la tierra, al agua y a mejores condiciones de vida. La premisa es trabajar a partir de las capacidades que ya existen en las comunidades, abrir nuevas oportunidades y fortalecer su protagonismo.
En ese sentido, la exposición no propone mirar el monte desde afuera, como un paisaje exótico o distante, sino reconocerlo como un espacio vivo donde naturaleza y cultura forman una misma trama. Los objetos que llegan a Buenos Aires son, así, la parte visible de procesos mucho más amplios: conocimientos transmitidos, aprendizajes compartidos, vínculos comunitarios y una relación cotidiana con el territorio.
Como parte de la programación pública del MAP, durante el período de exhibición habrá además conversaciones con artesanos y artistas, talleres y visitas guiadas, actividades que permitirán profundizar en los materiales, los oficios y las historias que atraviesan la muestra.
“La Riqueza del Monte” propone, finalmente, detenerse frente a esos objetos y preguntarse qué contienen además de su forma. Quizás allí esté su verdadera riqueza: en la memoria de unas manos, en una técnica que se resiste a desaparecer, en una comunidad que transforma lo heredado y en un paisaje que sigue hablando a través de quienes lo habitan.
