El gesto técnico de dejar pasar la pelota entre las piernas sin tocarla generó goles en Argentina y Boca. Un repaso por jugadas similares en el fútbol argentino e internacional.
Según el relato del autor, el gol más festejado de Argentina en el mundial fue el de Lautaro Martínez, el segundo contra Inglaterra. No obstante, para el cronista, el más destacado fue el de Messi contra Austria. En esa jugada, Thiago Almada conduce, abre a la izquierda para Medina, quien toca hacia el medio; la pelota vuelve hacia Almada, pero este abre las piernas y deja pasar la pelota sin tocarla. Por detrás, por sorpresa, porque todo el mundo —empezando por los defensores de Austria— se va con Almada, llega Messi y toca suave contra un palo. El autor califica la jugada como un golazo de Messi, pero destaca el movimiento de Almada.
El texto se pregunta cómo se llama ese gesto: dejar pasar la pelota entre las piernas sin tocarla, y que eso deje solo al que viene atrás para que defina. Menciona que actualmente se lo llama «asistencia», aunque plantea una paradoja: jugar a la pelota sin tocar la pelota, dar una asistencia sin asistir a la pelota. Según el autor, en esa jugada hay uno de los secretos del fútbol: el engaño y el talento a la vez, los ojos en la nuca y la capacidad de que la destreza individual se ponga al servicio del equipo.
El martes pasado, en el partido de Boca contra San Pablo, Paredes hizo una jugada similar, que también terminó en gol. La diferencia, no menor, fue que la hizo en la mitad de cancha. Ese movimiento, el dejar pasar sorpresivamente la pelota entre las piernas, funcionó en los hechos como un rápido cambio de frente, limpió la jugada hacia el otro lado, despejó el camino de rivales para que su propio equipo saliera rápido, con campo por delante. Ese dejar correr la pelota funcionó como una orden, un imperativo. Los compañeros estuvieron a la altura de la circunstancia y la jugada terminó en el gol de Merentiel. Toda la jugada nace con un pase de Paredes sin tocar la pelota. Almada y Paredes funcionaron como magos: nada por aquí, nada por acá, y la pelota sigue de largo para que el compañero defina.
El autor recuerda un gol del Chelsea en que Cesc Fábregas, de espalda a la jugada, deja pasar la pelota para que su compañero pique solo al gol. Señala que no cree que sea muy difícil hacer un relevamiento de ese tipo de jugadas y le llama la atención que TyC Sports o ESPN, que trabajan con mucho material de archivo, no lo hayan hecho. El autor expresa que le encantaría ver un clip de jugadas en que los jugadores dan pases sin tocar la pelota, abriendo las piernas. Para el autor, lo de Paredes tiene un nombre: jerarquía.
El texto afirma que, entre Almada y Correa en River, Paredes en Boca, Di María en Central, el fútbol argentino empieza a tener cada vez más jugadores de jerarquía, capaces de hacer ese tipo de jugadas y otras de calidad. El autor sostiene que en el fútbol ganar es lo más importante, hacer goles es igualmente importante, pero cuando se gana y se hace goles con jugadas técnicamente impecables, tácticamente perfectas, se disfruta más. La exclamación «¡qué golazo!» es, según el autor, la más linda de este deporte. Concluye que Messi le debe todo a Almada en ese gol, y Boca todo a Paredes en el de Merentiel.
