El ex teniente coronel del Ejército cumplía prisión domiciliaria y acumulaba múltiples condenas a prisión perpetua por crímenes cometidos durante la última dictadura.
Pascual Oscar Guerrieri, ex teniente coronel del Ejército condenado por delitos de lesa humanidad, falleció el domingo 5 de julio a los 91 años mientras cumplía prisión domiciliaria. Guerrieri era uno de los principales responsables del circuito represivo del Destacamento de Inteligencia 121 de Rosario, según consta en sentencias judiciales firmes.
Guerrieri acumulaba múltiples condenas a prisión perpetua en causas como Guerrieri I, Guerrieri III y Guerrieri IV, donde fue hallado culpable de homicidios, tormentos, desapariciones forzadas y otros delitos cometidos en el marco del plan sistemático de represión desplegado por la dictadura militar. Durante los juicios, el ex militar sostuvo que “se libró una guerra” y negó la existencia del terrorismo de Estado, según declaraciones registradas en septiembre de 2009 ante el Tribunal Oral Federal.
La Unión de Promociones, organización que reúne a militares retirados, emitió un comunicado en el que calificó a Guerrieri como “preso político” y denunció una supuesta “persecución”. En contraste, las abogadas querellantes Gabriela Durruty y Jesica Pellegrini declararon que “Guerrieri es un símbolo de la represión ilegal en nuestra jurisdicción” y que “muere convicto por la gran labor de las organizaciones de derechos humanos”. Sabrina Gullino Valenzuela, hija de desaparecidos y persona apropiada durante la dictadura que recuperó su identidad, afirmó que “estos individuos son lo más aberrante que puede producir una sociedad” y que “siguen garantizando hasta el día de su muerte el estado de excepción en el que viven las personas apropiadas”.
Guerrieri fue segundo jefe del Destacamento de Inteligencia 121 e integrante del Batallón de Inteligencia 601. Según las investigaciones judiciales, desde esa estructura coordinó grupos de tareas, diseñó operativos de persecución política y dirigió el funcionamiento de centros clandestinos de detención como la Quinta de Funes, La Calamita, La Intermedia, la Escuela Magnasco y la ex Casa Salesiana Ceferino Namuncurá. Durante los juicios, mantuvo una actitud de reivindicación del accionar militar y no aportó información sobre el destino de las personas desaparecidas.
Las condenas contra Guerrieri constituyeron un punto de inflexión en la reconstrucción judicial de los crímenes de la dictadura en Rosario. Los fallos establecieron que el aparato de inteligencia militar actuó como núcleo del sistema de persecución y eliminación de militantes políticos, sindicales, estudiantiles y sociales. Su fallecimiento no altera la validez de las sentencias firmes ni el carácter imprescriptible de los delitos por los que fue condenado.
