Ante las recientes amenazas en establecimientos escolares de la región, la licenciada en Psicología Natalia Blengino propone un abordaje profundo que evite soluciones simplistas y fomente el diálogo familiar e institucional.
En un contexto de gran preocupación por las pintadas con amenazas de bombas y tiroteos en escuelas chaqueñas, la licenciada en Psicología Natalia Blengino advirtió que el problema no debe ser minimizado ni resuelto con medidas rápidas como la prohibición. Por el contrario, sostuvo que debe ser acompañado con responsabilidad desde las distintas instituciones: medios de comunicación, familias y escuelas, poniendo el diálogo y la escucha activa como ejes centrales.
La viralización de escenarios de violencia en las escuelas del país encendió las alarmas sociales y puso en debate el vínculo con los adolescentes en la actualidad. El fenómeno no solo cuestiona el rol de las redes sociales en estas “apuestas virtuales”, sino que invita a reflexionar hasta qué punto y desde qué lugar deben involucrarse padres, tutores y docentes en el universo emocional y virtual de los jóvenes.
En diálogo con Radio UNNE, Blengino propuso alejarse de explicaciones simplistas: “Cuando nos encontramos con un mensaje amenazante, a lo primero que hay que prestar atención es al adolescente. Porque detrás de estos disparadores hay un menor que necesita ser mirado y escuchado”.
La especialista insistió en cambiar el foco y replantear no solo la vorágine del mundo virtual, sino el vínculo con los hijos. “Debemos conversar con nuestros hijos, aunque los temas sean incómodos. Es necesario tomarse el tiempo para indagar sobre sus miedos e inseguridades, conocer qué piensan y cuál es el entorno que los acompaña”, señaló.
Otro punto clave que abordó Blengino es el tratamiento del tema en los medios de comunicación y la responsabilidad en la viralización de imágenes. Destacó el “efecto imitación o dominó” para explicar cómo ciertos comportamientos pueden replicarse fácilmente cuando no hay conciencia ni pensamiento crítico. “El adolescente tiene una gran capacidad de imitación; cuanto más se habla de estos hechos, más se replican. Es necesario replantear las imágenes que se comunican y los protocolos de actuación”, indicó.
La psicóloga también propuso analizar las formas de solucionar estos conflictos. “El contexto actual exige abandonar las soluciones inmediatas. No debemos buscar respuestas cerradas, sino preguntar más”. En ese sentido, afirmó que “prohibir el celular no soluciona el problema de raíz”. Para Blengino, las amenazas deben leerse como expresiones de un lenguaje adolescente que los adultos muchas veces no logran decodificar. “Una amenaza siempre es un mensaje, se cumpla o no. Son llamados que necesitan ser visibilizados”, sostuvo.
Además, remarcó que a los adolescentes que no han alcanzado un nivel de capacidad cognitiva adecuado les cuesta diferenciar lo que parece gracioso de lo que pone en riesgo la vida de otras personas. “Muchos no están teniendo la capacidad de distinguir cuándo algo genera risa y cuándo angustia. Por eso se vuelven más vulnerables frente a contenidos que circulan en redes sociales”, explicó.
Blengino también reflexionó sobre el papel de las familias. “El ejemplo de los padres siempre fue esencial, pero más en este tiempo. Entiendo que la familia está desbordada, pero hoy me preocupa más un padre que está scrolleando sin mirar a su hijo que un adolescente con el celular”, expresó.
Finalmente, consultada sobre la restricción del uso de celulares en las escuelas, una medida implementada recientemente tras la viralización de amenazas, la psicóloga respondió: “Cuando prohibimos algo, el problema no desaparece, se desplaza. En cambio, si elegimos acompañarlos, sentarnos con ellos, preguntarles qué les interesa, la ruta de valores se torna distinta”. Y advirtió: “Hay que bancarse el ‘no’, pero antes que enojarnos y encerrarnos en nuestro mundo, debemos entender que el mundo de los adolescentes está atravesado por mucha soledad y por una necesidad imperiosa de ser vistos”.
