En el escenario político argentino, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, está llevando adelante una serie de movimientos públicos que expertos en ciencia política asocian con la estrategia denominada ‘catch-all’ o ‘atrapatodo’. Este enfoque busca construir una imagen de amplitud ideológica para atraer a un electorado diverso, trascendiendo las fronteras tradicionales de un espacio partidario.
¿Qué es un partido o candidato ‘atrapatodo’?
El concepto, desarrollado originalmente por el politólogo alemán Otto Kirchheimer, describe la transformación de organizaciones políticas que, para sobrevivir y triunfar en democracias complejas, moderan su discurso ideológico rígido. El objetivo principal deja de ser la fidelidad doctrinaria para convertirse en la captación del mayor número de votos posible, priorizando el pragmatismo y la gestión por encima de las banderas históricas.
Ejemplos internacionales del fenómeno
Uno de los casos de estudio más citados es la evolución del expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y su Partido de los Trabajadores (PT). Nacido con una fuerte identidad obrera y socialista, el PT bajo el liderazgo de Lula ha ampliado su discurso y sus alianzas, llegando a incorporar figuras de centroderecha como Geraldo Alckmin en su fórmula. Su narrativa actual se centra más en la reconstrucción nacional y la unidad que en la lucha de clases.
En México, el partido Morena, fundado con una retórica de izquierda nacionalista, ha logrado aglutinar a un espectro social muy amplio, desde exmilitantes de partidos tradicionales hasta empresarios. Su plataforma se basa en conceptos transversales como la lucha contra la corrupción y la justicia social, que resuenan en diversos sectores sin necesidad de una adhesión ideológica estricta.
Los gestos de Kicillof en la política argentina
En las últimas semanas, el gobernador Kicillof ha protagonizado acciones que rompen con el guion esperado para un referente del espacio kirchnerista. Desde participar en actos opositores a leyes del Gobierno nacional hasta publicar una columna de opinión en el diario Clarín, medio históricamente crítico del kirchnerismo, sus movimientos buscan proyectar una imagen de independencia y apertura.
Estos gestos no han pasado desapercibidos al interior de su propio espacio. Sectores como La Cámpora han mostrado descontento, en un contexto donde el kirchnerismo perdió recientemente la conducción y la mayoría en el Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires. La pregunta que flota en el ambiente es si Kicillof está construyendo deliberadamente un perfil de candidato presidencial ‘atrapatodo’ de cara a futuras elecciones nacionales.
El desafío de la amplitud
La táctica ‘catch-all’ conlleva riesgos significativos. El principal es la posible desmovilización de la base militante tradicional, que puede sentirse traicionada por lo que percibe como un alejamiento de los principios fundacionales. El equilibrio entre atraer nuevos votantes y mantener el núcleo duro de apoyo es extremadamente delicado.
Para consolidar esta estrategia, los analistas señalan que Kicillof podría verse en la necesidad de actualizar su programa de gobierno y establecer acercamientos más explícitos con figuras de otros espacios, incluso de centroderecha. El éxito de esta transformación dependerá de su capacidad para articular un mensaje que, sin renunciar por completo a sus orígenes, logre representar aspiraciones más amplias de la sociedad.
El camino del pragmatismo extremo, como muestran los ejemplos internacionales, puede ser efectivo para ganar elecciones, pero también puede diluir la identidad política a largo plazo. El desarrollo de esta estrategia en el escenario local será un proceso clave a observar en los próximos meses.
