La experiencia de perder un hijo es una de las pruebas más duras que puede enfrentar una persona, un camino de duelo que la sociedad muchas veces mira con desconcierto. En el marco del podcast «Duelos», conducido por la periodista Astrid Pikielny, Beatriz Martínez decidió romper el silencio para narrar su recorrido personal tras la muerte de su hijo Bruno, quien nació con parálisis cerebral y falleció a los 27 años.
Un duelo que comenzó con el diagnóstico
Martínez describió que el proceso de pérdida no empezó con la muerte física, sino mucho antes, en el momento mismo del diagnóstico de su hijo. «Existe un duelo por el hijo que no fue, por la vida que uno había proyectado», explicó. Aceptar esa realidad, afirmó, fue un paso fundamental para transitar hacia una nueva forma de amor, adaptada a las circunstancias.
La fragilidad de los vínculos y la red de apoyo
Durante la entrevista, la madre también se refirió a las dificultades que encuentran las familias en el entorno social. Señaló que situaciones de discapacidad y muerte suelen generar incomodidad, lo que a veces lleva a la ruptura de vínculos. «Hay personas que no saben, no quieren o no pueden estar presentes; no cuentan con esos recursos emocionales», analizó. Esta realidad obliga a las familias a seleccionar con mucho cuidado sus redes de contención.
La complejidad de soltar tras décadas de cuidado
La vida de Bruno estuvo marcada por años de internación domiciliaria y cuidados paliativos. Un dato que aún le resulta difícil de procesar es que su fallecimiento no ocurrió en casa, como ella había trabajado durante 27 años para lograr. «Trabajé casi tres décadas para que fuera en mi casa y no fue en mi casa», confesó, subrayando la complejidad emocional de soltar a un ser querido después de una vida de dedicación exclusiva.
Reconstrucción y nuevos sentidos
Hoy, el duelo por Bruno se entrelaza con la maternidad activa junto a su hija Constanza, quien requiere atención permanente debido al síndrome de Angelman. Martínez admitió que convivir con la incertidumbre del futuro es una tarea abrumadora, pero ha logrado reconstruirse. «Descubrí que me puedo reír sin culpa. Me costó muchísimo», compartió, reflexionando sobre la importancia del autocuidado y permitirse momentos de disfrute como parte del legado de vida.
Honrar la memoria a través de la acción
Actualmente, Beatriz Martínez preside la organización sin fines de lucro AMAR. Desde allí, busca honrar la memoria de su hijo mientras ofrece apoyo y acompañamiento a otras familias que transitan realidades similares. «Siento el deber, como mamá y desde el amor, de expandir ese amor, de que no muera con su desaparición física», concluyó, reafirmando así su compromiso con la memoria de Bruno y con la vida de su hija Constanza.
