La amplia derrota de Sergio Massa dejó groggy al PJ, arden las internas y se busca un nuevo liderazgo

Groggy. Aturdido. Desorientado. Entre pases de factura, el peronismo digiere la victoria de Javier Milei. La semana que viene el oficialismo se convertirá en oposición a nivel nacional y también en 7 provincias.

Esta semana, los diputados y senadores de Unión por la Patria deberán decidir los nombres de sus autoridades en el Congreso, una hoja de ruta que tal vez dure poco. Hasta el momento corren con ventaja los actuales presidentes de bloque en Diputados y el Senado, el santafesino Germán Martínez y el formoseño José Mayans. La unidad, sin embargo, cruje.

El propio Mayans, embajador de Gildo Insfrán, se sumó a las adhesiones para componer una nueva melodía que ilusione al peronismo. «Respeto a Cristina como jefa política pero también ahora se abre una nueva etapa (…) El peronismo está por definir el sistema de conducción. Hay que repensarlo, muchas personas que estaban con responsabilidades hoy ya no las tienen”, sostuvo el embajador de Gildo Insfrán en la Cámara alta.

Los gobernadores dieron el martes las primeras muestras de autonomía tras reunirse con el futuro ministro del Interior Guillermo Francos. El santiagueño de origen radical, Gerardo Zamora, aseguró que «la gobernabilidad está fuera de discusión». El santiagueño probó su pragmatismo durante los dos primeros dos años de gestión de Mauricio Macri. Los ejecutivos de las provincias socias del PJ (Rio Negro, Nequén y Salta) en los últimos 4 años y en la campaña esquivan las reuniones a solas sus aliados.

Zamora fue uno de los 8 gobernadores que logró arrancarle a Massa un último favor: $230 mil millones para asegurar el pago de los sueldos de noviembre y el aguinaldo, un reconocimiento lo suficientemente explícito de que la economía que administraba el ministro-candidato derrotado no aguantaba.

El miércoles los mandatarios provinciales de todo el arco político se sacaron una foto con el tigrense, que también fue un mensaje para Milei. En el equipo de Massa todavía despotrican por la falta de iniciativa y movilización de los mandatarios provinciales después de las generales, cuando ya se habían asegurado los lugares de sus legisladores.

Los 10 puntos de diferencia que el libertario le sacó al candidato del peronismo unido dinamitaron las chances de que Massa se convirtiera en el jefe de la oposición.

Malena Galmarini eligió reaparecer en Esteban Echeverría junto al intendente local Fernando Gray, que el lunes pidió la renuncia de Alberto Fernández y Máximo Kirchner a la presidencia del PJ nacional y provincial respectivamente. Las fotos en política nunca son casuales.

Fernández y Kirchner tienen mandato hasta 2025. La situación del Presidente es más insostenible. El jefe de La Cámpora dejó correr hace mese la versión de que podría llamar a elecciones en marzo, pero no está obligado. Axel Kicillof, que ocupa una de las vicepresidencias del partido a nivel nacional, suena como posible mandamás del justicialismo. “Sería un error. Ser presidente del PJ siempre es tentador, pero no garantiza nada”, dice un referente bonaerense que camina los barrios más postergados del conurbano. El formoseño Gildo Insfrán es otro que talla en esa discusión por su rol como presidente del congreso partidario.

A mitad de semana hubo una reunión entre los máximos referentes de la organización que conduce el hijo de la vicepresidenta. Las reflexiones catárticas dominaron el encuentro.

Máximo y Cristina Kirchner piden lugares para los suyos en la gobernación bonaerense. Además de la Cartera de Salud, quieren mantener Ambiente, controlar el ministerio de Justicia (empujan a Martín Mena) y recuperar el de Desarrollo de la Comunidad, que perdieron cuando Andrés Larroque se negó a ser comisario político del hijo de la vice en la gobernación y se convirtió en una de las espadas de Kicillof.

Larroque acompañó al gobernador en una reunión reservada con los referentes del Evita: Emilio Pérsico, Eduardo Ancona y Mariel Fernández. En la organización social reclaman lugares que creen que se merecen, porque le aportaron músculo militante a la campaña. Sueñan con una secretaría con rango ministerial que contenga las dependencias vinculadas a la economía popular y a la agricultura familiar como la que pretendían que Fernández creara. El gobernador los consultó por la situación en los barrios más pobres del GBA. Preocupa sobre todo el precio de los alimentos. Kicillof comprometió su presencia el lunes en la CGT donde se presentará la nueva conducción de la UTEP.

A Gabriel Katopodis un sector del peronismo y del kirchnerismo lo empujan para convertirlo en ministro de Infraestructura de la Provincia. Piensan que puede ser un modo de contener a los intendentes. El problema es que el actual ministro de Obras Públicas no representa a la totalidad de los jefes comunales que extrañan en su mayoría a Martín Insaurralde.

Los alcaldes que celebraron en el último tiempo que Kicillof terminó de graduarse como político, también agitan facturas contra el mandatario bonaerense. “Es increíble que no le haya sacado más coparticipación a Alberto que a todo te dice que sí. Ahora se va a tener que arreglar”, señaló uno de ellos. «Unidad hasta que duela», era el mantra del presidente saliente. Para un interlocutor habitual del Fernández ahora queda más dolor que unidad.

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