El shock de Javier Milei, las llamadas urgentes y un pedido especial de Cristina Kirchner

Javier Milei descubrió que su vida se convertía en un huracán el domingo a las ocho y diez de la noche, cuando Sergio Massa reconoció la derrota antes de que se difundieran los datos oficiales. En pocos minutos, en su celular se acumularon más de mil mensajes. Tiene el mismo número que hace muy pocos años -menos de cinco- era intercambiado entre productores de radio que no sabían bien qué hacía ni qué pretendía ese economista de ojos saltones y raro peinado que habían descubierto por televisión. Milei intentó contestar los mensajes rápido, de a decenas, algunos con emojis, otros con frases sentidas o, simplemente, con el sticker de él mismo alzando los dos pulgares y apretando los labios hacia afuera. Pero cuando apartaba el teléfono y lo volvía a activar, el número de WhatsApp crecía otra vez por encima de los mil, con pedidos de aquellos mismos productores radiales, saludos de ex compañeros de Chacarita y mensajes de colaboradores de figuras internacionales que de pronto se interesaban en hablar con él: desde técnicos del FMI y Donald Trump hasta presidentes como Emmanuel Macron o el coreano Yoon Suk-yeol.

Todo esto lo supo, o lo intuyó, 24 horas más tarde, el lunes feriado, cuando sus asesores le dijeron que había dejado pasar mensajes y llamadas trascendentes. Le entregaron un segundo teléfono, encriptado, cuyo número tienen ahora muy pocas personas y que le avisan de los temas urgentes. Fue su primer cambio desde que se convirtió en presidente electo.

Se trata de, como ha podido apreciar cualquier aficionado a la política, su cambio más insignificante. En los primeros días de la transición, rumbo al 10 de diciembre, el libertario ensayó una espectacular pirueta en el aire. Pasó de ser el que gritaba en campaña y prometía entrar con una motosierra al Banco Central o el que iba a desprenderse para siempre de la casta política, a exhibir un pragmatismo que podría, incluso, estar desconcertando a un sector de sus votantes y a parte de su propio equipo. ¿Genialidad, improvisación o miedo a caer al vacío? Se verá si es un giro perdurable o si pronto regresará el Milei que lo trajo hasta aquí.

El primer cimbronazo fue la renuncia de Emilio Ocampo a un cargo que, por supuesto, todavía no tenía, aunque se había ungido como la piedra fundacional del proyecto de La Libertad Avanza. Ocampo se enojó porque detectó que el plan de cerrar el Central, si es que no tambalea, deberá esperar un largo tiempo. Lo mismo que la dolarización. Hubo que llamar de urgencia a Demian Reidel para que reemplazara a Ocampo. Cuando le ofrecieron el puesto, Reidel estaba de viaje en Estados Unidos. Tuvo que cambiar los tickets de vuelo para regresar a la Argentina. Lo recibió quien será jefe de Gabinete, Nicolás Posse, en el Four Seasons. Lo dieron como confirmado, pero ayer a las 15 Reidel desistió. Otro sacudón. Y más llamados de urgencia, ahora para buscar al sustituto de Reidel.

Hubo, y hay, otros ruidos en la tropa mileísta. Carolina Píparo fue anunciada como futura jefa de la ANSeS el lunes 20 (llegó a decir por sus redes que había acordado una reunión para el 27 con Fernanda Raverta, hoy en ese cargo) y la bajaron al otro día; primero, por pedido expreso de Sandra Pettovello, futura ministra de Capital Humano y, segundo, para priorizar una eventual alianza con un sector del peronismo que encabeza Juan Schiaretti. Milei designó a Osvaldo Giordano, un funcionario del riñón del gobernador cordobés. Píparo estaba furiosa.

Victoria Villarruel experimentó esa misma sensación de rabia. Se había presentado durante la campaña como la referente en seguridad y Fuerzas Armadas. La borraron de un plumazo cuando Milei acordó con Patricia Bullrich, que ocupó Seguridad en el Gobierno de Mauricio Macri. El fundador del PRO no colaboró en esa apuesta. Se resolvió en un diálogo Milei-Bullrich, a espaldas de Villarruel.

Macri sigue siendo vital para el nuevo primer mandatario. Chatean y se hablan a toda hora, incluso lo hicieron durante el vuelo del ex presidente a Arabia Saudita. Macri dio varios consejos. Uno: que Milei cuente con detalles la situación dramática que vive la Argentina en el discurso de asunción (“No cometas el mismo error que yo”, le dijo). Dos: que no confíe “en nada” en que el kirchnerismo, y mucho menos Sergio Massa, lo ayuden en una transición ordenada. Tres: que el ajuste sea fuerte de entrada. Y cuatro: que construya gobernabilidad desde el Congreso. Macri sugirió que el presidente de la Cámara de Diputados sea Cristian Ritondo.

Milei prefiere a Florencio Randazzo, socio de Schiaretti en las elecciones, con quien viene hablando hace mucho. El ex ministro de Cristina vio venir al libertario cuando otros lo creían un outsider que pronto se diluiría. Se equivocó al decir que ganaría en primera vuelta, pero acertó en que sería presidente, cuando buena parte de la clase política lo subestimaba. Randazzo se prepara y espera. Para matizar la ansiedad, por las mañanas hace ejercicios en el edificio donde vive, en Puerto Madero, y se mantiene conectado vía Airpods.

Randazzo sabe que Macri no lo quiere. Lo que desconoce es que la que hizo gestiones reservadas para tratar de impedir su nombramiento fue Cristina Kirchner. Así lo contó la actual titular de la Cámara baja, la massista Cecilia Moreau. “Fue para lo único que me llamó Cristina. Para decirme que no votemos al Flaco”, dijo Moreau, sorprendida, en reuniones con gente de su confianza.

Pese a la diferencia sobre quién debe conducir Diputados, Milei agradeció los consejos de Macri, a quien trata -para regocijo del ex presidente, que se siente reivindicado- como si fuera una deidad. Del ajuste no tienen que convencerlo. Será de shock. Prometió recortes del 15 % del PBI. Dice que es la única opción para evitar una hiperinflación.

Es cierto que los precios, que ya volaban antes de las elecciones, ahora vuelan más rápido. Desde la derrota de Massa hay productos que subieron 50% en los supermercados. La nafta YPF acaba de incrementarse en un 10%, o sea, 20% en menos de un mes. En un país con reservas negativas cercanas a los 10 mil millones de dólares y con una inflación interanual del 140%. La inflación que deja el tándem Alberto Fernández-Massa quedará en la historia. Será casi cuatro veces mayor a la que dejó Macri en 2019. Eso, desde luego, si no pasa nada raro antes del 10 de diciembre.

Luis “Toto” Caputo, quien, se supone, será el ministro de Economía, comparte con Milei que hay que ir hacia un recorte drástico de gastos. Caputo fue el primer ministro de Finanzas de Macri y, luego, presidente del Banco Central. Renunció de modo sorpresivo el 25 de septiembre de 2018. Sufrió escraches. Eso, quizá, lo llevó a poner reparos cuando le llegó el nuevo ofrecimiento. “Mi mujer me mata si agarro”, fue lo primero que dijo. Repitió la frase, con distintas palabras, varias veces durante los últimos días.

El viernes se reunió con representantes de bancos de capitales locales y extranjeros y se comprometió a desarmar el stock de letras de liquidez y pases pasivos que se acumulan en el Central, una bola de más de 23 billones de pesos. Por las dudas, Milei pidió el número de teléfono de Jimena, la esposa de Caputo. Hizo bien.

El próximo presidente empieza a transitar un camino desconocido. Para él y para 46 millones de argentinos. No es peronista, no es radical, no formó parte del PRO, no estuvo en puestos ejecutivos públicos y es el primer economista en llegar a la Casa Rosada. Genera amores y odios y suscita un inédito interés en la prensa internacional.

Milei permaneció su primera semana recluido en el piso 21 del hotel Libertador, su oficina, en la que trabaja a tiempo completo. Se levanta a las 6 y se acuesta cerca de las 2 de la mañana. A veces duerme una siesta de una hora. Sus asistentes le llevaron packs de Mango Loco, la bebida energizante, su preferida. Consume varias latas por día.

En una semana, casi no se mostró en público. Anoche fue a una ceremonia judía para recibir la bendición del rabino David Pinto Shlita. Pero, antes de eso, solo había pisado la calle dos veces. Una, para ir a la reunión del martes en Olivos, con Alberto Fernández, y otra, cerca de las 23 del miércoles, para visitar a su novia, la imitadora Fátima Florez, en su departamento de Palermo.

Poder y fe ya tiene.

El amor hay que cuidarlo.

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