Las tertulias de Sergio Massa, los nuevos amigos de Javier Milei y qué revelan los 12 focus groups de Patricia Bullrich

—¿Es cierto que viajó a Estados Unidos a buscar la foto con Trump?

—No, esa es otra de las pavadas que dijeron esta semana. Vine a Miami para pasar el shabat con amigos.

Javier Milei embarcó el jueves en premium economy en el vuelo número 900 de American Airlines, que partió a las 20.40 desde Ezeiza. Se tomó el fin de semana para descansar. Raro, en un político en campaña. Rarísimo, a solo 42 días de las elecciones presidenciales que podrían ser determinantes para él. Le sacaron el ticket de regreso para el lunes.

Patricia Bullrich y Sergio Massa no pueden permitirse ese lujo. Poseen agendas con superposición de actividades. Una hora libre vale oro para ellos. El libertario se jacta de lo contrario. Dice que su plan ya está volcado en papel y que asistirá con esa plataforma al debate presidencial del 1 de octubre en la Universidad Nacional de Santiago del Estero. Otra cosa que se dijo de él: que no iría al debate. Irá. Para sus colaboradores asoma como la última prueba pública antes de un eventual balotaje. Hoy celebran que el candidato haya bajado el perfil. Consideran que es mejor que no aparezca tanto para no cometer descuidos. Su apuesta fuerte la hizo para las PASO. Es tiempo de regular.

En el teléfono de Milei se acumulan cientos de mensajes que no alcanza a contestar. La mayoría ni siquiera los mira porque provienen de números que no tiene registrados en su agenda y los bloquea sin mirar. Entre los mensajes que le llegan hay archivos con encuestas de consultoras que él no paga y que antes de las elecciones lo daban tercero, pero que ahora, ante la posibilidad de una nueva victoria, quieren congraciarse con él y se las envían a modo de regalo. Supuestamente, el economista va primero y, segundo, Sergio Massa. No habría que descartar que sea un sutil método de manipulación de quien mandó a hacerlas, o sea, de quien las financió. Según esos sondeos, Massa está segundo y podría entrar a la segunda vuelta. Es un escenario que entusiasma al libertario pero, sobre todo, el que ansía el kirchnerismo. Se eligen como rivales.

Los consultores empiezan a coquetear con La Libertad Avanza. Es lo que sucede también con otros protagonistas del Círculo Rojo: se le acercan para ver qué piensa, qué necesita, y -sin decírselo- para tratar de husmear en sus ideas de gobierno por fuera de la economía y en su estabilidad emocional. Se preguntan por su estilo y hasta qué punto el plan macroeconómico es viable. “Javier tiene muchos nuevos amigos”, bromean a su lado, como si no pudieran creer lo que están viviendo.

La semana pasada, el gastronómico Luis Barrionuevo, que había trabajado para la más efímera de todas las candidaturas, la de Eduardo De Pedro, vaticinó que Milei será consagrado presidente el 22 de octubre y el gobernador de Santa Fe, Omar Perotti, reveló que si el libertario llegara a la última instancia electoral contra Bullrich, él votaría por Milei. El viernes de la semana pasada, Milei visitó a Gerardo Martínez, el jefe de la UOCRA, una situación impensada meses atrás.

El candidato quiso interiorizarse sobre el sistema de indemnizaciones y seguro de desempleo de la construcción. El gremialista buscó persuadirlo. “Vos que sos libertario tenés que entender y apostar a las relaciones bilaterales de cada una de las actividades productivas. Es mentira que los convenios quedaron atados como hace 35 años”, le dijo. Milei lo escuchó durante 35 minutos. Hasta que habló y mencionó distintas fórmulas que quería implementar para su plan. Martínez lo tuvo que interrumpir: “Yo no entiendo nada de macroeconomía”.

La dolarización sigue ocupando el centro de las miradas. En los últimos días, los economistas de La Libertad Avanza hicieron declaraciones que volvieron a poner en duda la coherencia en el equipo. Hubo alboroto interno y pases de factura. Reuniones a las que no estaban del todo acostumbrados y en las que intentaron unificar criterios. Milei confirmó que su iniciativa está firme. Pero se mantuvo por fuera de los radares de los medios tradicionales. ¿Le alcanza con las redes?

Un relevamiento de la consultora Ad Hoc arrojó datos reveladores en Instagram y Tik-Tok. Hasta el 31 de agosto, las últimas seis públicaciones de los reels de Massa en IG acumularon 437 mil visitas; los de Larreta, 505 mil; los de Bullrich, poco más de un millón; los de Milei, 10.3 millones de usuarios. En Tik-Tok: Massa, 162 mil; Bullrich, 169 mil; Larreta, 3,1 millones: Milei, 19.9 millones.

El impacto se siente en los comandos de campaña que lo enfrentan, donde se desviven -y aún no hay acuerdo- sobre cómo apartarlo de la conversación pública. Los bullrichistas apostaron hasta ahora a “desenmascarar” la supuesta salida mágica de la dolarización. Carlos Melconian se puso al frente de la movida.

Hay, en verdad, -o Milei dice que tiene- cinco propuestas diferentes para abandonar el peso y dar curso legal al dólar como moneda única. Cuatro de esas propuestas más o menos se conocen y coinciden en poner en marcha desde el 10 de diciembre un proyecto que permita empezar a canjear las leliq que están en poder de los bancos y así, más tarde, iniciar un segundo proceso para cambiar los pesos por dólares, una operatoria que podría llevar entre nueve meses y dos años. La otra propuesta es secreta.

Se trataría de una última maniobra que incluiría la posibilidad de ungir como ministro a un economista que la ideó y que no estaba en los planes iniciales. Hasta hace algunas semanas, Milei tenía elegido al ministro del área. Nunca dijo su nombre, pero se trataba de un hombre que llegó a presentar como “más ortodoxo que yo”. Si avanzara ese quinto plan de dolarización, podría cambiar el ministro. Hacer un enroque. Demasiado misterio.

Melconian, el eventual ministro de Economía de Bullrich, salió a rebatir aquellos planes. Lleva dos semanas en los medios con un protagonismo tal que, por momentos, daría la sensación de que fuera él el postulante. Para quienes lo promovieron es un acierto. Para otros, que miran desde más lejos, podría tratarse de un exceso y de cierta ansiedad frente a los sucesos post PASO.

Para intentar huir de ese estado, en el equipo de la ex ministra acaban de procesar los resultados de doce trabajos de focus groups, una técnica de investigación cualitativa que consiste en reunir a un grupo de personas para que opinen y debatan sobre preguntas bien dirigidas, algunas muy racionales y otras demasiado extravagantes. La idea es la de siempre, la que desvive a los estrategas: descifrar qué tienen en la cabeza los electores.

Analizaron seis segmentos de votantes. Los de Juan Grabois, los de Massa, los de Horacio Rodríguez Larreta, los de Milei, los de la propia Bullrich y los de quienes no concurrieron a votar en las primarias. Para cada uno de esos segmentos, se hicieron dos grupos, uno de jóvenes y otro de adultos, de entre ocho y doce personas cada uno. El objetivo de Bullrich: cómo retener los sufragios propios, cómo atraer los que se le pudieron haber ido desde las Paso y cómo disuadir a los que podrían irse con Massa. No está fácil.

Al revés de lo que se imaginaba, un fantasma recorre al bullrichismo: que se le vayan los sufragios más duros, los anti-K, y no los que votaron a Larreta, que son igual de antiK, pero que no comparten el estilo de la ex ministra y que podrían seguir apostando por Juntos por el Cambio más por espanto que por amor.

“Para mí Patricia y Milei son casi lo mismo. Pero Milei es más cambio”, dijo uno de los que participó de los focus. La frase que más se escucha entre jóvenes y adultos es: “Estoy enojado”. Hay expresiones de odio hacia la política en general, con frases del tipo “los quiero destruir”. Los colaboradores de Bullrich igual confían en que existe espacio para crecer. Así como hay votantes de Bullrich que coquetean con Milei, hay gente que apoyó con su sufragio a Milei en agosto y que podría saltar a las filas de la ex ministra. “Patricia me gusta, sabe de seguridad”, fue una de las definiciones. En los últimos días, Bullrich se reunió con Jaime Durán Barba. También participó su estratega, Dereck Hampton.

¿Y Massa? “Hasta las primarias había días en que Sergio amanecía como ministro y en otros que se levantaba como candidato. Ahora todo cambió”, dicen quienes participan de las tertulias massistas. El tigrense se metió definitivamente en la piel de candidato y hace promesas para todos y todas. No importa el costo. El “plan llegar” mutó en “plan bomba” para el Gobienro que venga.

Massa congeló las tarifas de gas y luz y el transporte en el área metropolitana; suspendió por tres meses las subas en las prepagas y dejó el dólar oficial quieto, pese a que -tras la devaluación– ya quedó atrasado. Mientras, la inflación vuela. En agosto alcanzaría por primera vez los dos dígitos y los analistas privados consideran que en septiembre continuará en los mismos niveles.

“Octubre, solo pensamos en octubre”, dicen en el equipo de campaña. ¿Y después? ¿Y el lunes 23 de octubre? Massa asegura que llegará con vida y que eso le dará aire.

Si su augurio no se cumple, mejor ni pensarlo.

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