Martín Lousteau: “El Gobierno persiste en acumular desequilibrios, vamos camino a un problema grave otra vez”

Diez de la mañana. La ciudad de Buenos Aires es un horno, producto de un calor sofocante que obliga a ir gambeteando el sol y buscar sombra en las mesitas al aire libre de un coqueto café de Belgrano donde Martín Lousteau conversa con Clarín. El senador nacional de la UCR y líder de Evolución es una…

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Diez de la mañana. La ciudad de Buenos Aires es un horno, producto de un calor sofocante que obliga a ir gambeteando el sol y buscar sombra en las mesitas al aire libre de un coqueto café de Belgrano donde Martín Lousteau conversa con Clarín. El senador nacional de la UCR y líder de Evolución es una de esas personas bendecidas a las que no les recorre una gota de sudor por la frente ni se despeina por más que la temperatura supere los 40 grados. Posa para las fotos, aconseja a una pareja que frena el auto para preguntar cómo se llega a Chacarita y comienza una entrevista de 45 minutos.

Si bien tiene 51 años recién cumplidos, por apariencia y discurso se lo identifica como un dirigente joven, que representa un cambio de mirada dentro de la política. Se sonríe frente a esa descripción, que acepta. “Es verdad, a mi me llaman joven cuando en realidad soy más viejo que el 60% del padrón. Es un problema sintomático de la Argentina ése, hay algo con la no renovación de la política”, dice.

-Hay que repensar el término  juventud, entonces.

-MIrá, cuando uno se fija en casos del exterior, te das cuenta que cuando Felipe González inició la renovación de España tenía 40 años. (Bill) Clinton asumió como presidente de Estados Unidos a los 46, (Barack) Obama a los 47, (Emmanuel) Macro en Francia a los 39. El propio Alfonsín, aunque no nos demos cuenta, tenía sólo 56 años cuando ganó en el ’83. A lo que voy es que, independientemente de  la edad que uno tenga, hay que abrazar una idea de renovación, porque es Argentina la que necesita repensarse, para qué hacemos política y para qué está el Estado.

-¿Esa renovación es algo que demanda la sociedad?

-Es una demanda generalizada. A ver, es dificil hablar de “la gente”. Pero creo que hay personas que están atrapadas en un ciclo de pobreza familiar, que tienen menos edad que yo, 40 quizás, que no pudieron darle una educación a sus hijos de 20 para que salieran de donde están, que no consiguen trabajo y que ven que el futuro de sus hijos repite su propio pasado. Y también está el tipo que tiene una Pyme, se desloma, pero no puede avanzar, la familia que ya no recibe educación pública de calidad y tampoco infraestructura porque se le corta la energía. La gente no quiere más esto. No va más.

-¿La clase política no advierte esa situación?

-En la clase política hay falta de audacia y de autocrítica. Muchos dirigentes pasan por delante de un espejo y cuando se ven el reflejo les muestra otro dirigente. No ven sus problemas. También hay dificultades para comunicar las cosas desde los partidos. En mi caso, tal vez por venir de una familia con vocación docente, siempre trato de ver cómo se comunican las cosas para mostrar su verdadera magnitud. Y lograr que la discusión del problema sea atractiva para poder abordarlo.

-¿Hay dirigentes que comparten su misma mirada?

-Lo primero que te diría es que cuando uno intenta tener estas conversaciones nota a veces desinterés, cansancio de una clase dirigente que está hace mucho tiempo, o que busca autopreservarse. Pero sí hay dirigentes que están a lo largo y ancho de todo el país con los que uno puede conversar de estos temas, como los que trabajan con nosotros, Rodrigo de Loredo, Marcos Ferrer, Danya Tavela, Pablo Cervi, Alejandro Cacace, Martín Berhongaray o Flavio Fama. Y también están quienes fueron parte de la política y no quieren volver a estar pero quieren que esto se solucione, como Chrystian Colombo o Pablo Gerchunoff.

-Y dentro de Juntos por el Cambio, o incluso desde otros espacios, ¿muestran interés por está agenda de país a futuro?

-​También hay quienes lo hacen. Está, por supuesto, Horacio Rodríguez Larreta, el propio Mauricio Macri, gobernadores como Rodolfo Suárez, Gustavo Valdés o Juan Schiaretti, Emilio Monzó, Esteban Bullrich y Florencio Randazzo. Todos ellos tienen interés en debatir estas cuestiones.

Martín Lousteau, en la entrevista con Clarín. Foto: Luciano Thieberger.

-El comienzo de año dentro de la coalición fue tenso, con Gerardo Morales cuestionando al macrismo por el endeudamiento con el FMI. Al ser un año par, sin elecciones, ¿es el momento de limar asperezas?

-Hay que sentarse todos juntos a conversar. Para que sea mejor Juntos por el Cambio, tiene que ser mejor el radicalismo. Y, volviendo al principio, el radicalismo es el mejor programa de rejuvenecimiento: no importa cuántos años tengas siempre te van a decir que sos joven. El debate es imprescindible, no hay que tenerle miedo, ni tampoco a las tensiones si se relacionan con visiones políticas. Lo que no pasa y no va a pasar nunca es que alguien pueda decir “lo que yo pienso es lo que piensa todo mi espacio”. Por más que seas el presidente de un partido, o tengas el cargo que tengas, no podés acallar las otras voces.

-Pero en Juntos por el Cambio parece haber muchas voces diferentes y no una estrategia definida sobre qué se discute. ¿No es contraproducente?

​-Hay muchas discusiones simultáneas. Por un lado, la discusión por los espacios de poder. Por el otro, la que realmente hay que dar, que es qué le vamos a proponer a la sociedad para resolver los problemas de los argentinos. La clase política se hace la distraída y sólo discutimos eslóganes y títulos. El debate tiene que ser cómo hacer un mejor Estado. Yo quiero trabajar en serio como todos los que quieren gestionar. 

-¿Cómo es el diálogo que tiene con Mauricio Macri?

-Siempre fue un diálogo respetuoso el que tuve con Macri. Tenemos reuniones de Juntos por el Cambio y de vez en cuando alguna conversación puntual, no muy asidua, pero siempre he tenido una buena relación, desde las diferencias. Cuando me preguntabas por las discrepancias que había planteado Morales con el macrismo, yo las mostraba en su momento, cuando las decisiones se tomaban y Macri era presidente. Siempre he podido hacerlo en un marco de respeto con el Presidente. Lo llamo así porque para mi todos los ex presidentes elegidos en democracia deben ser nombrados de esa manera.Y ser una fuente de consulta.

-Como padre, le pasa eso de empezar a pensar ¿qué pais le estoy dejando a mi hijo?

-​Sí, todos los días. Es cierto que cuando tenés un hijo tenés un sentido de trascendencia de las cosas que es diferente. Pero también me pasa que yo mismo quiero vivir en un país mejor, que los argentinos podamos hacerlo. Y la única salida y solución para resolver los problemas estructurales es a través de la política. Es casi un deber involucrarse, no hay otra manera de ver cómo uno puede modificar la situación.

-Si la solución es a través de la política, no hay forma de negociar con espacios libertarios como el que lidera Javier Milei, que baja un discurso antipolítico.

-Cuando escucho a los extremos libertarios me pasa lo mismo que cuando escucho a los de la extrema izquierda. Todo país que en algún momento logró un mayor bienestar fue aquel que logró mejorar el funcionamiento del Estado. No hay otra manera, y lo muestran los modelos clásicos del liberalismo, como pueden haber sido el Reino Unido y Estados Unidos. La visión libertaria de menos Estado es la visión del más fuerte. Yo me pregunto qué pasaría si ellos fueran los que tuvieran el poder, cómo serían sus gestos. No es un tema conceptual, si no de calidad de la democracia.

-¿Candidato a qué cargo será en 2023? Se lo perfila como aspirante a la jefatura de gobierno o presidenciable en una interna radical.

-Yo suelo pensar al revés que otros, que tienen un destino que eligen para sí mismo y enarbolan un camino hacia allí. En mi caso, me veo siendo parte de las cosas que me interesa debatir y construir, me veo abriendo las puertas de la renovación de la UCR y de Juntos por el Cambio, que es lo que hice en la última campaña, yendo a trabajar a 14 provincias.

Lousteau prefiere no especular sobre una posible candidatura en 2023. Foto: Luciano Thieberger.

-¿Esta versión de Alberto Fernández presidente es la misma que cuando en 2008 compartió gabinete con Usted?

-Yo veo al mismo Alberto Fernández, con virtudes y defectos. Pero no veo cambios.

-¿Su investidura está erosionada después de dos años de gestión?

​-Creo que tuvo una oportunidad muy importante de empezar a resolver los problemas que nos embargan a todos cuando apenas comenzó la pandemia y la sociedad de abroqueló y unificó. Pudo haber marcado un camino de construcción colectiva. La desperdició. Cuando dejó de lado esa agenda, su imagen cayó.

-Qué le genera que el Presidente haya dicho que “la inflación entró en una senda descendente” después de haber cerrado 2021 en 50,9%.

-Es una declaración casi sintomática, que demuestra que se ha resignado a no tener un programa para bajar la inflación en Argentina. Pensar que 3,8% es un buen dato porque 12 meses atrás había sido 4% es un ejemplo de ello.

-¿Cuán alarmante es llegar a estos niveles de inflación?

-Extremadamente, muy alarmante. Cada vez que vos tenes un punto de inflación por encima de la suba de salarios hay 230.000 pobres nuevos en la Argentina. Esta inflación es crónica ya, del 40 o 50%, no del 10 o 15%. Para bajarla, tenés que cerrar las inconsistencias de la macroeconomía, que hoy no parece que las puedan abordar desde el Gobierno.

-¿Tiene solución la inflación?

-Sí, pero no es mágica. Básicamente, la inflación en Argentina se produce por tres causas: emisión para financiar el déficit, los saltos abruptos que pega el tipo de cambio y que generan más combustible en un país con la cabeza dolarizada, y las decisiones políticas económicas miopes, cuando se atrasan precios que después vuelven a subir cuando los liberan. Para bajarla, primero tenes que ordenar el Estado, darle otras prioridades a la hora de administrar y empezar a bajar el déficit brindando mejores bienes y servicios.

-¿Cómo ve la gestión de Martín Guzmán en el Ministerio de Economía?

-Creo que, en modos como en discurso, es de lo más valorado del Gobierno. Pero las metas que él se propuso están lejos de ser alcanzadas, desde resolver el problema de la deuda hasta poner a la Argentina en la senda del crecimiento definitivo y de la baja de inflación. El problema del país no es económico, es político. Al economista vos le tenés que pedir un plan dentro de un marco político que puedas sostener en el tiempo. Y él no tiene volumen político, incluso muchas veces pareciera que está incómodo.

Tomando un café, en el caluroso verano porteño. Foto: Luciano Thieberger.

-Se lo suele escuchar incrédulo cuando habla del acuerdo que Argentina puede lograr con el FMI. ¿Lo ve viable?

-Se necesita cerrar un buen acuerdo con el Fondo, pero la dinámica debería haber sido distinta desde el principio. Se debería haber discutido cuál es el rumbo que tiene que tomar la Argentina, lograr un consenso político y recién después negociar un acuerdo, con un programa económico sólido y sustentable, independientemente de que tuviéramos un crédito con el Fondo o no. Eso no fue lo que hizo el Gobierno. que decidió inclinarse por una agenda partidaria, que iba a llevar en soledad y sólo enviando de vez en cuando algún proyecto de ley al Congreso para que lo aprobara.

-¿El Gobierno va camino a estrellar la economía o la puede encaminar?

-Ojalá haya chances de que la encamine. Nosotros tenemos una propuesta que no debería depender de si los demás son peores o no. Yo quiero que sean los mejores posibles. Si vos perdés con alguien malo es porque hiciste las cosas mal. Cuando a un Gobierno le va mal descendemos en la degradación del tejido social. Me preocupa porque si el Gobierno persiste en acumular desequilibrios sin ver cómo consigue dólares en el corto, mediano y largo plazo, y genera más temor, vamos camino a un problema grave otra vez, con un punto de partida peor que los anteriores.

-¿Qué opina acerca de que desde el Poder Ejecutivo se esté avalando una marcha para “echar” a los miembros de la Corte Suprema?

-Para mí, las instituciones y la marcha de la economía van en tándem, no es que una genera la otra o viceversa. Creo que si el Poder Legislativo o Judicial dijeran lo que está diciendo el Ejecutivo sobre el Judicial sería un escándalo y se denominaría como golpista y antidemocrático. Es un problemón que la clase política no discute lo mal que funciona la Justicia. Pero la manera de hacerlo no es la del Gobierno.

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