Esos “personajes menores” que son grandiosos

Recuerdo vagamente a la portera de mi escuela primaria. Una señora morena, callada, hoy diría sufrida, pero no lo sé con certeza. Teníamos poco contacto con ella: en esa época no se servía ni el vaso de leche. Limpiaba. Era una figura secundaria que -suena feo decirlo- parecía parte del mobiliario, se esfumaba.Quizás por eso…

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Recuerdo vagamente a la portera de mi escuela primaria. Una señora morena, callada, hoy diría sufrida, pero no lo sé con certeza. Teníamos poco contacto con ella: en esa época no se servía ni el vaso de leche. Limpiaba. Era una figura secundaria que -suena feo decirlo- parecía parte del mobiliario, se esfumaba.

Quizás por eso una de las imágenes fuertes del día en que mi hijo mayor empezó salita de cuatro se dio cuando la directora, Patricia, nombró al equipo directivo, a las docentes… y a las auxiliares. Y contó la importancia de su tarea. Fue uno de esos momentos de cierta epifanía: sentí que los años de democracia no habían sido en vano, todos los roles sumaban ahora.

El periodismo me enseñó algunas pocas cosas importantes. No a escribir una noticia o a analizarla. Eso también, pero no es lo fundamental. Lo que de verdad queda se centra en un par de verdades. Una de ellas, si hay que hacerle caso al doctor House, se comparte con la medicina. Y es que la gente miente más de lo que uno cree. Por eso se necesitan muchas versiones de una misma realidad. La otra: las personas con menos poder suelen tener miradas más agudas sobre un hecho o una institución que los poderosos. No se trata de más o menos inteligencia sino que unos no ponen tanto en juego y los otros apuestan, a veces, su futuro. Ese abordaje lateral ayuda a entender las estructuras silenciosas que las organizaciones nunca admiten. ¿Quieren saber algo de una eminencia? Empiecen por averiguar si conoce el nombre de la gente que le limpia el despacho. Eso anticipa más de lo que se cree.

A veces suenan quejas porque los empleados ponen trabas. Y sí, chantas hay aquí y allá, pero la parte no es el todo. También están los que creen que el cargo da poder -la empleada de la entrada de Gasalla- y todo lo van a boicotear. Pero los otros son más y amortiguan el peso de un hijo enfermo. No mintamos, uno elige un hospital, si puede, si lo dejan, por la calidad de sus médicos. Ahora, cómo cambia la experiencia si desde el principio no existe sensación de rechazo sino de comprensión, si hay alguien que ayuda en vez de retar, si es una voz que acompaña, si es un Estado amigo. No siempre se da, pero qué bien nos pone cuando sucede.

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