Operación DisneyWorld

Con diferencia de minutos, en escenarios separados pero como parte de la misma movida política, Axel Kicillof dijo que en las PASO del domingo 12 se perdió porque la pandemia le tiene quemada la cabeza a la gente y Juan Manzur dio casi por terminada la pandemia. Mientras el gobernador bonaerense anunciaba que la ofensiva…

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Con diferencia de minutos, en escenarios separados pero como parte de la misma movida política, Axel Kicillof dijo que en las PASO del domingo 12 se perdió porque la pandemia le tiene quemada la cabeza a la gente y Juan Manzur dio casi por terminada la pandemia. Mientras el gobernador bonaerense anunciaba que la ofensiva para revertir los resultados va a ser incansable, obra por obra, timbre por timbre y con clases hasta los sábados, el Jefe de Gabinete nacional debutó en su cargo enarbolando la primera bandera simbólica de la campaña con vistas al 14 de noviembre: vamos a volver a ver más caras descubiertas por la calle, porque el barbijo deja de ser obligatorio para quienes anden al aire libre solos y a prudencial distancia (por ahora).

El oficialismo está teniendo un brote de oposición. La variante Delta sí que es una gripecita, vamos con tutti con la educación presencial y si Mauricio Macri tuvo la mística necesaria para irse con el 41% tras unas espantosas PASO presidenciales, cómo no van a poder dar vuelta un resultado los devotos de San Perón, Santa Evita y San Néstor. 

Después de los juramentos de ayer, hoy amanecimos bombardeados de buenas ondas oficiales. Poder ir sin barbijo desde casa hasta la parada del bondi -donde ya hay que ponérselo si hay cola- puede sonar a poco, pero un cambio de estado de ánimo puede tener que ver con pequeñas cosas. Un Boca-River con público el 3 de octubre y notas con más gente desde Ezeiza y Aeroparque, por ejemplo, pueden ayudar.

Miremos la agenda de Aníbal Fernández: todavía no tuvo tiempo de hacer nada más que volver a hablar por todos lados, pero, si de “sensaciones” se trata, en 12 horas puso en el tope de la conversación qué hacer con la violencia mafiosa en Rosario y con la inseguridad en el Gran Buenos Aires. Menudos temas. Ya veremos qué resulta, pero esta mañana parece que hay iniciativa en el Ministerio de Seguridad de la Nación y Sergio Berni no se enoja por lo que se dice desde ahí. Convengamos que olvidar a Sabina Frederic no parece una tarea tan difícil. Vencer al delito es otra cosa.

Claro que esta especie de Operación DisneyWorld necesita mucho más que las ilusiones del tráiler. Las entradas y el pochoclo para ver la película completa requieren un paquete de medidas que, para ser efectivas, deben impactar muy rápido en los bolsillos y también en la psicología social. Aparte de otro IFE, más bonos para jubilados, suba del salario mínimo, nueva reactualización del tope de Ganancias y más y más repartos de dinero contante y sonante hasta ejecutar un 2,5% del Producto Bruto (más los US$ 4.500 millones que acaba de derivar el FMI), el plan es que se vea trabajando a los funcionarios, con los nuevos como arrieros de la tropa.

De ningún modo quiero decir que antes se rascaban. Estamos hablando de cómo piensan reconvertir la derrota en algo más gratificante. Y ojo, que tampoco quiero decir que un shock de efectivo electoral hacia los sectores medios, medio-bajos y bajos deba computarse necesariamente como pérdida: ese flujo también puede acelerar el rebote de la economía, que en algunos rubros ya venía insinuándose.

Por otra parte, quienes manejan esta estrategia de comunicación les están bajando a los cuadros políticos del Gobierno que se muestren más, que llamen a los periodistas que no atendían, que hablen con la gente en la calle y que dejen de echarle la culpa de todo a Macri, mientras intentan llevar a la oposición a conversar sobre propuestas concretas. De hecho, en la Casa Rosada celebran que lo único que tenga para decir Elisa Carrió por estas horas es “mafioso” a Aníbal Fernández. El primero que se ríe de eso es él mismo.

Lo que tiene esta vieja guardia justicialista es menos culpa y poca capacidad de enojo ideológico. La política es literalmente su vida. Y, con los años, los ha vuelto más fríos que el mito de Walt Disney.