La guerra por el negocio del fútbol: FIFA versus Resto del Mundo

En las últimas dos semanas, y por primera vez de manera articulada, los dueños del fútbol internacional explicitaron que, para sus intereses, los seleccionados son un problema. LaLiga española, el Calcio, la Premier League y la Liga portuguesa se pusieron de acuerdo para que los clubes no cedieran a sus jugadores y, así, evitar la…

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En las últimas dos semanas, y por primera vez de manera articulada, los dueños del fútbol internacional explicitaron que, para sus intereses, los seleccionados son un problema. LaLiga española, el Calcio, la Premier League y la Liga portuguesa se pusieron de acuerdo para que los clubes no cedieran a sus jugadores y, así, evitar la cuarentena de regreso a sus países de residencia.

La pandemia y los calendarios ajustadísimos producto de la crisis sanitaria mundial complican el escenario. Pero más allá de eso, lo que viene sucediendo evidencia hasta qué punto el poder cada vez más concentrado de empresarios, magnates y jeques atenta contra los intereses de la FIFA. Es el fútbol-negocio en guerra: el establishment económico versus la burocracia política. Una puja con un final imprevisible. 

Hasta el momento, la FIFA presionó y logró abrir algo del cepo que establecieron las ligas. Algunos jugadores se rebelaron. Otros prefirieron aceptar las condiciones de sus empleadores y no viajar para representar a sus países. LaLiga española recurrió al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), que rechazó su petición y la obligó a liberar a los futbolistas convocados.

El presidente del torneo español, Javier Tebas, fustigó a ese “tribunal” (lo puso entre comillas antes de mencionar su “dudosa imparcialidad”) y adelantó que mantendrá su reclamo. ¿Qué pasará en un mes, cuando la Eliminatoria sudamericana vuelva a tener una triple fecha?

A diferencia del resto, la cada vez más poderosa liga francesa aceptó las citaciones. No fue un ejercicio de solidaridad o filantropía, sino la confluencia de intereses. El principal actor de esa liga –ahora en el centro del mundo fútbol por tener a Messi, Neymar y Mbappé en el PSG– se sustenta en el fondo soberano de inversión de Qatar, el organizador del próximo Mundial. Atentar contra las convocatorias a las selecciones sería también atentar contra el evento que el pequeño país asiático construye desde hace más de una década. Probablemente, la docilidad de la Ligue 1 cambie a partir de 2023. 

Cambios. Si la guerra entre la FIFA y las principales ligas europeas ya está declarada, lo que resulta nuevo es que a ese ring se suban la UEFA y la Conmebol, y no precisamente para respaldar a Gianni Infantino. Ayer mismo, el organismo del fútbol sudamericano que lidera Alejandro Domínguez se manifestó en contra de que el Mundial se organice cada dos años, una propuesta a la que el presidente de la FIFA busca darle el último impulso para su concreción. Es el primer comunicado luego de la inesperada renuncia de su secretario adjunto, el argentino Gonzalo Belloso.  

“Una Copa del Mundo cada dos años podría desnaturalizar la más importante competición de fútbol en el planeta, rebajando su calidad y minando su carácter exclusivo y sus actuales estándares de exigencia. Es un evento que concentra la atención y las expectativas de miles de millones de personas porque representa el punto culminante de un proceso de eliminación que dura todo el período de cuatro años y que tiene su dinámica y atractivo propios”, indicó la Conmebol en un comunicado oficial. 

Lejos de resolver el problema del calendario, para la Conmebol se agravaría. Supondría “una sobrecarga prácticamente imposible de gestionar”, porque “podría poner en riesgo incluso la calidad de los demás torneos, tanto de clubes como de selecciones”.

Hace unos años, Conmebol apoyó el proyecto, pero ahora se aleja por considerarlo “altamente inviable”. De este modo, se suma a la UEFA, que no solo se mostró en contra, sino que a través de su presidente, Aleksander Ceferin, insinuó que podría boicotear la iniciativa: un Mundial sin Alemania, Italia, Inglaterra o España no sería un Mundial.

Sin la Conmebol ni la UEFA para bancar su proyecto a futuro, y enfrentado a las principales ligas en el presente, Infantino no reúne consensos. Algo que, por el tamaño de lo que está en juego, empieza a ser un problema.