Alfredo Angulo, el Perro que puso en evidencia la política abusiva contra los migrantes en Estados Unidos

La política migratoria de tolerancia cero que impulsó el gobierno de Donald Trump puso dramáticamente sobre el tapete ese tema en un país en el que el 13,7% de la población es migrante. En 2019, el último año previo a la pandemia de coronavirus, se produjeron 143.099 arrestos administrativos y 267.258 deportaciones. Sin embargo, el…

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La política migratoria de tolerancia cero que impulsó el gobierno de Donald Trump puso dramáticamente sobre el tapete ese tema en un país en el que el 13,7% de la población es migrante. En 2019, el último año previo a la pandemia de coronavirus, se produjeron 143.099 arrestos administrativos y 267.258 deportaciones. Sin embargo, el abordaje punitivo no fue potestad exclusiva de la administración del magnate republicano: durante los ocho años de gestión de Barack Obama, fueron expulsadas 2.749.706 personas. Entre la marea de anónimos que padecieron el rigor del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) estuvo también el campeón mundial superwélter Alfredo Angulo.

Cuando el ICE cayó sobre él, Angulo llevaba más de un lustro afincado en California, como decenas de miles de migrantes con sus papeles más o menos en regla. Allí se había radicado junto a su esposa Cecilia, primero en Moreno Valley y luego en Los Ángeles, y allí había nacido su hija Rebeca. También allí había iniciado su carrera profesional en 2005, después de haber representado a México en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 (cayó en la primera ronda de la división hasta 71 kilos con el irlandés Andy Lee, futuro campeón mundial mediano).

En suelo estadounidense realizó 18 de sus primeras 20 presentaciones, entre ellas la que le permitió obtener el título interino de las 154 libras de la Organización Mundial de Boxeo: el 7 de noviembre de 2009, noqueó en el tercer round a Harry Joe Yorgey en Hartford (Connecticut). En abril de 2010, defendió la corona al vencer al colombiano Joel Julio en Ontario (California).

Las dificultades para el Perro comenzaron poco después de su desvinculación de Gary Shaw, el promotor que había conducido su carrera, luego de que se frustrara una negociación para combatir con Sergio Maravilla Martínez. Los 13 meses de inactividad que soportó hasta que se unió a Golden Boy Promotions, la empresa de Oscar De la Hoya, no fueron el precio más elevado que pagó. Un desprolijo manejo de su documentación migratoria había llevado a que su visa de trabajo se venciera. Por eso tuvo que volver a México para combatir. Cecilia y Rebeca quedaron del otro lado de la frontera.

Alfredo Angulo (derecha) representó a México en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

El 20 de agosto de 2011, venció en el primer asalto a Joe Gómez en su Mexicali natal. Y el 5 de noviembre de ese año, en Cancún, perdió por nocaut en el sexto round ante el texano James Kirkland en un electrizante duelo en el que ambos habían caído en el primer asalto, considerado el mejor del año por la revista The Ring. Más allá de la derrota, el estilo de Angulo, un clásico fajador mexicano, frontal, decidido y no muy cuidadoso en defensa, le daba crédito para ocupar un lugar en las grandes carteleras. Para eso y para reencontrarse con su familia necesitaba regresar a Estados Unidos.

Por eso el púgil, un personaje público que no tenía antecedentes penales, volvió a atravesar la frontera y el 18 de enero de 2012 se presentó voluntariamente en el Centro de Procesamiento de Servicios de El Centro, a 340 kilómetros de Los Ángeles, a 22 del límite mexico-estadounidense y a solo 42 de Mexicali. Por ese complejo, que había sido inaugurado en 1945 y sería cerrado en 2014, pasaban alrededor de 5.000 migrantes por año.

De acuerdo con las pautas establecidas entonces por el Departamento de Seguridad Nacional estadounidense, solo aquellos migrantes que representaban una amenaza para la comunidad, que se presumía que podían fugarse o que habían sido condenados por un delito violento o vinculado con drogas debían ser detenidos. Por eso, cuando Angulo ingresó al complejo de El Centro pensó que pasaría allí algunas horas, a lo sumo uno o dos días, hasta resolver sus problemas administrativos. Pero fueron siete meses.

“Durante las primeras dos semanas me preguntaba: ‘¿Por qué estoy aquí?’. Pero un día me senté en la cama, me puse a pensar, a analizar todo lo que estaba pasando, y me di cuenta de que Dios me había puesto aquí para enseñar a la gente la clase de basura que es este lugar y cómo tratan a las personas”, aseguró el boxeador en una entrevista con el productor cinematográfico Damon Bingham mientras aún estaba detenido.

Alfredo Angulo enfrentó en Cancún a James Kirkland en su última pelea antes de ser detenido en el Centro de Procesamiento de Servicios de El Centro, en California.

Durante sus meses de reclusión, no se le permitió entrenarse. Incluso debió esperar dos meses hasta obtener un par de zapatillas. “Me negaron beneficios que recibían otros detenidos. El director del centro quería mantenerme ahí. No tenía una razón legítima para retenerme, pero lo hizo. Creo que el gobierno de Estados Unidos no sabe y debe prestar más atención a las personas que dirigen estos centros”, sostuvo Angulo, quien contó que algunos migrantes trabajaban entre seis y ocho horas diarias en la cocina, en la lavandería o limpiando los pisos a cambio de un dólar por jornada. “No veo la diferencia entre esto y una cárcel”, sentenció.

Pese a las dificultades, el Perro procuró aprovechar los días de encierro. Se esforzó para mejorar su inglés y se vinculó con buena parte de los 500 detenidos que compartían el lugar con él (la mayoría, latinos), junto a quienes se mantuvo en forma jugando al handball dos horas por día. Además cambió su look: dejó crecer su barba y su cabello, tras años de haberlo usado muy corto, casi al ras.

Mientras esperaba que se resolviera su situación, Angulo insistió para que el equipo legal especializado en temas migratorios que le había provisto Golden Boy Promotions asistiera también a otras personas a las que había conocido en El Centro. Lucy Haro y Kelly O’Reilly, sus abogadas, examinaron cientos de casos además del suyo. “La fuerza de Alfredo provino de ayudar a los que estaban allí con él”, explicó Haro.

Después de semanas de trabajo de las letradas, el Tribunal de Inmigración de Imperial, tras un par de postergaciones, fijó audiencia para el 30 de julio. “Alfredo tuvo unos tres años de mala gestión. Básicamente estuvimos ordenando su desorden y tratando de recuperar su vida”, contó Haro. El resultado fue positivo: el púgil obtuvo una visa de trabajo. Finalmente, el 14 de agosto, 209 días después de su ingreso, abandonó el Centro de Procesamiento de Servicios de El Centro. “El Perro Angulo está oficialmente fuera. De vuelta al ring a fin de año”, tuiteó ese día Oscar De la Hoya.

En 2014, Alfredo Angulo se cortó el pelo que había dejado crecer desde su detención en El Centro y lo donó a una organización benéfica.

Una de las primera cosas que hizo tras reencontrarse con su esposa y su hija en Los Ángeles fue afeitarse. En cambio, dejó que su cabello siguiera creciendo. En enero de 2014 se lo cortaría y lo donaría a Locks of Love, una organización benéfica que asiste a niños que pierden su pelo como consecuencia de tratamientos médicos.

Una semana después de su liberación, Golden Boy Promotions organizó un almuerzo para la prensa. Ese día, Angulo, sonriente junto a Rebeca, pudo celebrar su 30° cumpleaños, que había sido el 11 de agosto, cuando todavía estaba encerrado. “No tenía idea de cuándo iba a salir. Me dijeron que iba a ser poco tiempo y obviamente no fue así. Entonces me concentré en mantenerme fuerte y seguí pensando en mi hija, que es muy importante para mí, y en ayudar a otros detenidos que estaban en la misma situación que yo”, contó.

Alfredo Angulo, junto a su hija Rebeca, tras recuperar la libertad.

Mucho más aliviada que cuando intentaba desmadejar el conflicto de su cliente, Kelly O’Reilly, una de sus abogadas, recordó aquellos días de incertidumbre. “Él me preguntaba qué estaba pasando y por qué seguía ahí. Como abogada, yo tenía que darle razones y a veces no las había. Lo estaban tratando de manera diferente. ¿Cómo iba a decirle eso?”, se preguntó. Y consideró que el gobierno estadounidense había utilizado a Angulo, un personaje de alta exposición, para enviar un mensaje sobre el rigor ante el incumplimiento de las normas migratorias. “Pero el mensaje finalmente fue que, en última instancia, sucede lo correcto”, reflexionó.

Ya en libertad, con luz verde para combatir en Estados Unidos, con un currículum atractivo y una edad que todavía le permitía pensar en grandes desafíos, el Perro se puso en movimiento para reactivar su carrera profesional en busca de otra chance mundialista en la categoría superwélter, en la que por entonces predominaban los estadounidenses Austin Trout y Cornelius Bundrage, el puertorriqueño Miguel Cotto y un joven y ascendente Saúl Canelo Álvarez.

Para esta nueva etapa, el púgil de Mexicali cambió de entrenadores: se alejó de Clemente Medina e Ignacio Beristain y se vinculó con Virgil Hunter. Su primera prueba con él en la esquina fue programada para el 10 de noviembre de 2012 frente al texano Raúl Casarez en el Staples Center de Los Ángeles, como respaldo en la velada que tenía como atractivo principal el choque entre otro mexicano, Abner Mares, y el panameño Anselmo Moreno por el título supergallo del Consejo Mundial de Boxeo.

Alfredo Angulo, durante una sesión pública de entrenamiento previa a su pelea frente a Raúl Casarez.

“Hubo momentos en los que pensé seriamente en retirarme del boxeo. Pero nunca perdí la fe en que algún día sería libre para volver a pelear. La pregunta siempre era cuándo”, contó en la víspera de su regreso al ring. Ya sobre el cuadrilátero, solo tuvo que trabajar 56 segundos: un furioso zurdazo a la mandíbula liquidó a Casarez en el primer round. Apenas cinco semanas después, volvió a trepar al ensogado para vencer a su compatriota Jorge Silva, en Los Ángeles. No había que perder más tiempo.

Esas dos victorias lo pusieron en carrera para disputar el cetro interino de la Asociación Mundial de Boxeo el 8 de junio de 2013 en Carson (California) frente a otro migrante, el cubano Erislandy Lara, quien había desertado en 2007 y, tras pasar por México, se había afincado en Estados Unidos para construir su carrera rentada.

Esa noche, frente a una enorme audiencia, Angulo vistió un pantalón que en el dorso decía “Inmigration reform now” (“Reforma migratoria ahora”). Derribó a su rival dos veces, en el cuarto y en el noveno episodio; pero en el décimo, cuando las tarjetas eran sumamente cerradas (una lo favorecía por tres puntos y las otras dos tenían al caribeño adelante por una unidad), una escalofriante inflamación sobre la ceja izquierda lo obligó a abandonar.

Alfredo Angulo debió abandonar la pelea con Erislandy Lara por una inflamación en su rostro que limitaba su visión.

Pese a ese revés, el valeroso Perro se hizo acreedor a otra noche grande por la que recibió el mejor pago de su carrera (750.000 dólares más 100.000 extra que embolsó por un exceso de peso de su rival): fue el elegido para que Canelo Álvarez volviera al ring en marzo de 2014 tras perder su invicto ante Floyd Mayweather. El pelirrojo lo noqueó en el 10° round.

En esa misma velada en el MGM Grand de Las Vegas, otro mexicano, Carlos Molina, debía exponer ante Jermall Charlo el título superwélter de la Federación Internacional de Boxeo. No pudo hacerlo porque cuatro días antes de la pelea fue apresado y encerrado en el Centro de Detención del condado de Clark luego de que el ICE detectara que había reingresado a Estados Unidos sin visa después de haber sido deportado en 2006.

Molina permaneció detenido dos meses, fue deportado otra vez y nunca pudo volver a combatir en Estados Unidos.

Alfredo Angulo perdió con Canelo Álvarez en marzo de 2014.

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