Alberto y Cristina también “compiten” en las PASO por los espacios de poder

La vice Cristina Fernández está muy disconforme con la gestión del Gobierno que lidera el presidente Alberto Fernández. Se lo ha reprochado en diálogos privados, cara a cara, algunos de ellos con momentos de voz alzadas, tanto de uno como de otro.La última vez que hablaron con tiempo, sin testigos, en un encuentro donde ninguno…

alberto-y-cristina-tambien-“compiten”-en-las-paso-por-los-espacios-de-poder

La vice Cristina Fernández está muy disconforme con la gestión del Gobierno que lidera el presidente Alberto Fernández. Se lo ha reprochado en diálogos privados, cara a cara, algunos de ellos con momentos de voz alzadas, tanto de uno como de otro.

La última vez que hablaron con tiempo, sin testigos, en un encuentro donde ninguno ocultó nada de lo que pensaba del que tenía enfrente, fue el martes 31 de agosto pasado. Apenas pasado el atardecer de ese día, él la recibió a ella en la Residencia Presidencia Olivos (RPO). La casa del Presidente que, tras el escándalo del “Olivosgate” es, a la vez, motivo diario de su tormento.

La campaña proselitista del Frente de Todos para las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) debía estar en ese entonces en marcha plena y uniforme hacia el objetivo de la victoria. Pero una concatenación de errores propios, o de acontecimientos revelados por la prensa que causaron estrépito, y laceraron la imagen del Presidente, como las ya mencionadas visitas grupales a Olivos en meses en los que regía la cuarentena estricta en el 2020, convencieron de modo definitivo a la vice que el Gobierno debía cambiar.

El Presidente ya dejó trascender que efectivamente hará cambios en su Gabinete. Pero la vice tiene un plan que es modificar de modo inusualmente mayoritario a los funcionarios y funcionarias que rodean al Jefe de Estado. Èl, afirma en la intimidad, resistirá un avance de estilo arrollados.

Pero los dos, el Presidente y la Vice, o al revés, son conscientes que la reforma que una impulsa y la que otro minimiza, dependerá de los resultados electorales que obtenga hoy el Frente de Todos.

Si hay éxitos, aunque relativos, pero éxitos al fin, él tendrá más herramientas para frenar el asedio del que ya conoce sus alcances más profundos. Si lo que cosechan los ya candidatos a los comicios generales de noviembre es un evidente retroceso de votantes, entonces la vice acelerará sobre espacios y cargos que hoy son ocupados por dirigentes claves para controlar no solo políticamente si no también desde el punto de vista administrativo a la gestión.

Es por esta disputa ya casi pública pero “civilizada” si es que no se conocen los detalles de la trastienda que el Presidente y la Vice también compiten, a su modo, en las PASO que se celebran este domingo en la Argentina. Aunque sean, ellos, los dos jefes principales del Frente de Todos. Hay confrontación electoral contra opositores. Y también en lo más íntimo de la cúpula del oficialismo.

Una frase que la vice repitió varias veces en sus ámbitos de intimidad, pero frente a testigos, resume en su brutalidad hasta donde llega su bronca con sus aliados más importantes: “Siempre pensé que éstos me podían traicionar políticamente. Lo que nunca imaginé es que eran tan inútiles”.

Son conceptos demasiado hirientes como para que ella suelte frente a sus verdaderos destinatarios. Pero Clarín reconstruyó en base a fuentes del entorno de la vice, y también de funcionarios con oficina en la Casa Rosada, esas palabras de repudio con las que Fernández (Cristina) resume los sentimientos que la ensombrecen hace meses.

Ya está dicho: la consideración negativa de la vice y sus aliados más firmes y fieles, como los militantes con cargos de la agrupación La Cámpora, liderada por su hijo, el jefe del bloque de diputados K, Máximo Kirchner, ya ni son un secreto, a voces o sin voces, que corren como versiones que los protagonistas del poder intentan desmentir.

El intento de cambiar a buena parte del equipo que trabaja para el Presidente es un hecho que hasta trasciende a los medios sin que ningún vocero indique que se trata de un futuro que no será.

El Presidente, por su parte, asegura que resistirá. Más allá del resultado de las PASO.

“Ella también me necesita a mí”, intenta convencer el Jefe de Estado a quien le pregunta sobre este tema, que admite como verosímil, e incluso como verdadero. Y agrega: “Ella se enoja pero yo también con ella y han pasado cosas que la molestaron, y también a Máximo, pero que de algún modo acordamos que seguirán como yo creo que deben continuar”.

Clarín pudo saber que eso piensa Fernández (Alberto), que al mismo tiempo es consciente que el episodio del “Olivosgate”, sobre todo y entre muchos otros episodios que alejaron por motivos diversos y de espesor variables a un número difícil de mensurar de votantes “autónomos”, aquellos que habían elegido al Frente de Todos en las elecciones presidenciales del 2019 y que ahora las encuestas reflejan que se fueron, o irán, a otros espacios.

“A veces ellos se mueven como una ‘secta’ y eso nos hace mal a todos”, describen asesores del Presidente, de trato diario con él, a cómo la vice y La Cámpora planean un modo de gestionar, con nombres nuevos en el Gabinete, que el Jefe de Estado nunca cambiaría si no fuera que se encuentra en una posición de debilidad severa.

Por ejemplo, el sector más radicalizado del Frente de Todos, es decir, Cristina y La Cámpora, reemplazarían de inmediato a siguientes ministros y funcionarios de relevancia que integran una especie de listado “no escrito”.

Los objetivos a derribar de los K tienen nombre y apellido. Uno es el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero. Son ya varios los intentos de la vice por correrlo de ese puesto, todos hasta ahora en vano. Se podrían describir los argumentos que desde el “cristinismo” se repiten como criticas a su modo de gestionar. Pero vale quizás más un adjetivo muy hiriente con el que Clarín sabe de modo inobjetable que la vice utiliza para destratarlo: “Es un mediocre”.

Fernández (Alberto) considera exacto lo contrario.

El Presidente resistirá que su asesor de confianza total, y además administrador de la Jefatura de Gabinete, se vaya del cargo sin que él tenga motivos para aprobar esa decisión. No los tiene, repite ante quién le pregunta sobre el tema.

El listado de funcionarios que la vice quiere reemplazar incluyen al ministro de Trabajo, Claudio Moroni, al que consideran “poco peronista” desde las oficinas K del Senado. También al titular de Turismo, Matías Lammens, por motivos motivos similares al reproche contra Moroni.

Y apuntan a los funcionarios de más relevancia del área económica. Uno de ellos es presidente del Banco Central (BCRA), Miguel Pesce: desde el “cristinismo” se lo acusa de estar más identificados con “los bancos” que con “el proyecto”.

Quien trabaja bajo asedio constante de los propios es el ministro de Economía, Martín Guzmán. Desde que intentó despedir al subsecretario de Energía Eléctrica y militante de La Cámpora, Federico Basualdo, provocó ira en la vice. Ella se la transmitió al Presidente: “Avisale que es mi enemigo”.

Aun así, Guzmán continúa en su puesto y hasta se reunió con Fernández (Cristina).Guzmán la visitó en sus oficinas del Senado hace quince días. Fue justo antes de exponer ante los Diputados sobre la reestructuración de la deuda en moneda extranjera. Tal vez por eso él dijo en su presentación ante los legisladores frases como ésta: “Macri busca confundir al pueblo pero nosotros somos el pueblo”.

Su suerte, más tarde o más temprano, para Cristina, está echada.

El mismo destino imagina ella, tiene, el titular de Producción, Matías Kulfas. Fue crítico de la vice hace unos años: esa área de la economía, aunque en pandemia, no logra reactivarse. Excusa suficiente para objetarlo.

Por otros motivos pero igual desdén, la vice habla de la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, que en las últimas semanas hizo declaraciones en los medios polémicas y con costo para la Casa Rosada y el oficialismo todo.

Además, se suman al plan de cambios de Cristina aquellos secretarios de Estado de mayor confianza del Jefe de Estado, con quienes pasa más tiempo del día: el secretario General de la Presidencia, Julio Vitobello, o el vocero presidencial, Juan Pablo Biondi, son considerados “rivales” de La Cámpora. Fernández jamás permitirá, salvo catástrofe política, que sean removido por deseo de la vice.

Los funcionarios leales Cristina, ella misma y su hijo Máximo, entre otros dirigentes K, difundieron estos conflictos internos entre empresarios muy poderosos. E incluso en conversaciones con dirigentes del peronismo más ortodoxo, con los que los K mantienen un diálogo fluido que está quebrado o por prejuicios o por peleas de años entre. El pragmatismo, o el miedo a una derrota electoral, hacen “magia”.

“Alberto tiene que entender que le queremos hacer un bien con todo esto. Que lo que buscamos es que al Gobierno le vaya mejor que hasta ahora”, dicen mitad en serio y mitad ironizando los dirigentes más cercanos a la vice.

El vínculo entre los Fernández está más tensionado que nunca porque se juegan parte de su poder en las elecciones que empezaron hoy.

Es una relación que fluía no del todo bien.

De los últimos seis meses, hubo dos meses en los que no hablaron ni intercambiaron siquiera chats.

Fue él quien retomó el contacto. Fue justo antes del cierre de listas de precandidatos a las PASO del Frente de Todos.

Días en los que también surgieron, en medio de ese proceso, otros enojos entre ellos. ¿Por qué la militante del PJ y esposa del ministro de Seguridad bonaerense, Agustina Propato, es la quinta candidata en la lista del oficialismo de Buenos Aires? El Presidente habla de Berni como del peor adversario.

En rigor, Propato iba a ser la tercera candidata de esa boleta. Pero el Jefe de Estado logró bajarla dos lugares. Pequeños logros para él. Pequeñas derrotas para ella. Ninguno olvida. Hasta en esos detalles discrepan y alargan discusiones. Hoy hay elecciones. El oficialismo versus la oposición. Y el oficialismo, también, versus el oficialismo.

Habrá un ganador aunque parezca paradoja.

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA