La historia secreta de la mujer de Villa Crespo que guardaba siete gatos muertos en su heladera

El gato Khao Manee es considerado una suerte de joya viviente. La raza proviene del sudeste asiático, con una historia de cientos de años, muy fácil de reconocer por su pelaje blanco corto, su figura esbelta y sus ojos con forma de diamante que le dan su nombre, a veces dorados, a veces azules, a veces uno de cada…

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El gato Khao Manee es considerado una suerte de joya viviente. La raza proviene del sudeste asiático, con una historia de cientos de años, muy fácil de reconocer por su pelaje blanco corto, su figura esbelta y sus ojos con forma de diamante que le dan su nombre, a veces dorados, a veces azules, a veces uno de cada color. Diana Elisabet L., de 61 años, los había criado durante años, primero para venderlos, luego, tal vez, solo para acumularlos. Los criaba literalmente en el departamento de Villa Crespo en donde vive, un dos ambientes derruido en la calle Thames al 100.

La Policía de la Ciudad y el Cuerpo de Investigaciones Judiciales la allanaron este lunes con una causa en su contra por maltrato animal a cargo de la UFEMA, la fiscalía del fuero penal y contravencional especializada en materia ambiental, con el fiscal Carlos Rolero Santurián.

Las joyas vivientes apestan también, casi una veintena acumulada en un mínimo espacio fuera de control: los barbijos no alcanzaban para frenar el olor pestilente. Así, encontraron 17 gatos vivos, 14 adultos y tres crías, acumulados en poco más de 50 metros cuadrados, algunos visiblemente enfermos, con signos de infecciones, sueltos por el parquet sucio, sin agua ni comida, según reportes policiales. Los efectivos abrieron su heladera: encontraron siete cadáveres de felinos, cinco de ellos estaban congelados.

Los gatos vivos fueron trasladados a refugios, los muertos fueron enviados a un laboratorio para ser estudiados. Diana se reconoce vegana. Se llevaron su recetario, con los datos para su preciada mezcla de panqueques sin lácteos. También, su I-Ching, su oráculo de la fortuna china al que consultaba constantemente. No estaba en su casa al momento del operativo. Un policía quedó de consigna en la puerta para notificarla.

Jaula: varios de los gatos encontrados por la Policía de la Ciudad y el CIJ.

Finalmente, la mujer llegó el lunes por la noche. Así, fue notificada de la imputación en su contra. Luego del trámite de rigor comenzó a insultar a sus vecinos a los gritos. “¿Qué me hicieron?”, vociferaba, con su barbijo cubierto de pelos de felino, su viejo celular de hace 15 años en la mano. Había quedado libre por decisión de la Justicia. Sus partidarios dicen que es una mujer sumida en la depresión, sola, que sus gatos son su única compañía mientras deambula en una bata de toalla sucia, que incluso hace que las hembras duerman con ella en su cama para separarlos de los machos para evitar que copulen, hasta que comenzaron a reproducirse sin control.

Era una guerra silenciosa en ese edificio, librada en pequeños movimientos, detectada por el olfato. Hay una vecina en particular en el edificio que se encarga de rociar desodorante de ambientes en el palier para enmascarar el olor a orina de felino en el palier, dice que los animales salen a hacer pis en los espacios comunes y que su dueña los suelta.

Pero Diana, en privado, acusa a sus vecinos de algo peor, envenenar a sus mascotas. Quienes la conocen aseguran que había, según ella misma, guardado los cuerpos de sus gatos para una autopsia. Los había comenzado a encontrar la semana pasada, uno por uno. Creía que habían muerto electrocutados, tal vez por masticar un cable pelado. Aseguran que Diana supuestamente formuló una denuncia por las muertes de sus animales. Sin embargo, el nuevo allanamiento se adelantó. Las autopsias se harán de todas formas.

En el medio, hay organizaciones animalistas que vigilan a la mujer de Villa Crespo hace años y reportan su situación. Los Khao Manee de Diana se convirtieron en una suerte de figura repetida en el circuito vegano porteño. “Los Thamesitos”, los llaman. El 24 de marzo pasado, un grupo de activistas insólitamente ingresó al departamento de la mujer para encontrarse con los felinos. Así, se sumaron a la nueva denuncia.

En todo caso, la guerra es larga. Los registros judiciales de Diana revelan causas penales y civiles en su contra que se arrastran hace años. Ya la habían allanado por maltrato animal en 2017, otra causa de la UFEMA: una ONG formuló la denuncia en su contra tras enterarse de su criadero clandestino de gatos. Diana los vendía en ese entonces, a 7900 pesos cada cría, aproximadamente.

Un año después, su vecino de abajo la denunció por daños.

Después de eso, la demandaron por desalojo.

Lo que dicen esos expedientes, a los que accedió Infobae, es agonía de consorcio pura: literalmente sentarse en el living y ver la inmundicia caer del techo.

El 15 de agosto de 2018, el hombre que vivía debajo de ella se presentó en el Juzgado Civil N°13 para presentar un interdicto por daño temido y daños y perjuicios. Demandaba no solo a Diana, sino también al consorcio del edificio de la calle Thames: exigía un pago de indemnización de 80 mil pesos de ese entonces.

El hombre, que sufría de asma, había comprado el departamento en 2008. Diana ya estaba allí tras vivir con su ex pareja, sus hijos se habían mudado en 2015. En su demanda, el vecino aseguraba que el riesgo de derrumbe era evidente. “Las filtraciones se extendieron hacia mi living y pasillo que comunica en la cocina, generando un riesgo de que se desmorone en cualquier momento”, aseguró.

“Entendemos que esta señora tiene un lavarropas en el living. La situación se agravó porque se ha llegado al punto de cae agua del techo y se inunda todo el piso del living”, continuó en el documento. La lluvia puertas adentro le arruinó una computadora, le elevó el parquet e invadió su pequeño estudio de música. El moho también comenzaba a crecer; el agua sucia rozaba las conexiones eléctricas.

“No puedo vivir dignamente, llueve cada día por medio”, concluyó: “El techo de durlock está cada vez más cerca de caerse”. “Invivible e inhumano”, calificó luego.

Más tarde en el expediente, su entonces pareja adjuntó un mail enviado al propietario del departamento de Diana, su ex marido, un empresario. Se habían separado hace años.

“Nos llueve el baño con agua mezclada con los residuos del criadero de gatos… Intuimos que ella tira la mugre y residuos (placenta y etcétera) en el inodoro”, siguió en otro correo. Las piedritas con orina y heces también habrían sido arrojadas a las cloacas también.

La pareja reclamaba en su demanda, una y otra vez que, al menos, vaya un plomero. Pero Diana, directamente, ni siquiera dejaba que ingresaran para revisar la situación o hacer reparaciones. Tampoco contestaba la demanda. Las respuestas del propietario a la pareja del vecino por sus reclamos desesperados estuvieron lejos de ser amables, de acuerdo a los documentos presentados en la Justicia civil.

La administración del edificio, mientras tanto, según la demanda, no hacía nada.

Más de un año después, irónicamente, el propietario del departamento de Diana ofreció a la pareja del vecino como testigo en otro juicio: pidió su desalojo, que le quiten su domicilio.

2017: un gato en el baño, documento de la primera causa por maltrato animal contra Diana.

En su presentación, el propietario aseguró que su ex mujer se quedó con el departamento y que se le reclamó que lo devuelva en varias ocasiones, luego de que la situación de daños y malos olores se volviera un problema en el edificio. Diana, que ya había sido allanada por su criadero ilegal, se negaba a entregarlo.

Con la denuncia, también, se adjuntó un CD: contenía el video del allanamiento de 2017 al criadero, la primera causa penal en contra de Diana.

El expediente por el desalojo continúa en trámite, de acuerdo a información judicial. Diana sigue allí también, a la espera del llamado de su defensora oficial por su nueva causa por maltrato animal, mientras mira a sus vecinos de reojo luego de que pasan con sus aerosoles, una guerra que entra por la nariz.

INFOBAE

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