San Martín Vampire: una banda de culto que cotiza alto en Internet y volvió para quedarse

Erase una vez en la Buenos Aires del segundo semestre de 1998, cuando el menemismo empezaba a cantar las hurras de la mano de una esperada recesión y la convertibilidad que igualaba el valor de un peso con el de un dólar seguía cantante y sonante; un trío que era la promesa efectiva del underground.…

san-martin-vampire:-una-banda-de-culto-que-cotiza-alto-en-internet-y-volvio-para-quedarse

Erase una vez en la Buenos Aires del segundo semestre de 1998, cuando el menemismo empezaba a cantar las hurras de la mano de una esperada recesión y la convertibilidad que igualaba el valor de un peso con el de un dólar seguía cantante y sonante; un trío que era la promesa efectiva del underground.

En ese plan, un cantante llamado Sergio Pángaro, que residía en La Plata y que parecía extraído de cualquier escena musical pre rockera y que, para acentuar eso, vestía ambos impecables comprados en ferias americanas y respondía al seudónimo de Waldo, cita explícita al nombre de pila del compositor Waldo de los Ríos, famoso por su arreglo pop del Himno a la Alegría de Ludwig van Beethoven.

También un guitarrista, Fabio Rey, que ya había conocido las mieles del éxito tras su paso por Los Brujos y esa Kanishka que supo sonar en todos lados, y que le daba rienda suelta a su pasión por la surf music de los Ventures y Dick Dale.


Sergio Pángaro, cómodamente recostado; Rudie Martínez y Fabio Rey al frente. Juntos, son San Martín Vampire, de regreso. /Foto Juano Tesone

Y detrás de las programaciones, otro platense llamado Rudie Martinez, que por aquel entonces tenía su nombre tallado a fuego en la escena electrónica gracias a su alias de Audioperú y su sonido techno, apto tanto para la pista de baile como para el living.

Juntas, estas influencias y esta mezcla inédita dieron como resultado a San Martín Vampires.

Durante seis meses, San Martín Vampires pasó de ser un secreto bien guardado a una realidad total, con una excelente acogida tanto de la prensa como del público. Y así fue como tras haber sido elegidos como Revelación para los Premios Clarín de ese año, tras una aparición de fin de año en Sábado maldito, el programa que conducían Juan Di Natale y Hernán Ferreirós en las tardes de la Rock & Pop (aparición que quedó registrada en un CD que daba cuenta de otros músicos que pasaron por el ciclo, como Babasónicos y Daniel Melero), el trío se disolvió sin pena ni gloria.

Su testamento fue el CD Debut y despedida, que muestra demos y delirios, tal como reza el subtítulo de la placa. “Gemas de tecno pop como Mal mortal, Sangre, Peligro, Aldo o El elegante quizá no merecían una edición así, pero corrían el riesgo de perderse. Está claro: mucho mejor este disco desprolijo, precario, que la injusticia del olvido” decía la breve reseña aparecida en Clarín el 25 de mayo de 1999.

Más de dos décadas después, mucha agua pasó por las vidas de Pángaro, Rey y Martínez. Baccarat, Fanfarrón y Los Brujos, y Adicta, son los nombres propios con los que, respectivamente, los asociamos. Y ese disco que no es tal, que cotiza a la friolera de… ¡15 mil pesos! en el mercado de coleccionistas.

Pero el Covid 19 hizo de las suyas, y en este caso para bien: lo que fue un comentario al pasar entre Sergio y Rudie en el marco de una fiesta se transformó en Aspic, el álbum regreso de San Martín Vampire, ya disponible en todas las plataformas virtuales. Un disco que confirma y agiganta su leyenda, de la mano de un sonido que no es retro sino ciento por ciento modelo 2020 / 2021.

Retratos del encierro

Ahí están canciones como Carhué cuarenta y su certero retrato sobre el tiempo en el que todos estuvimos guardados en nuestras casas, la guitarra límpida mas no surfera que se luce dentro de una melodía con tintes rusos en Nikov, y Perlas, y Simone, donde Pángaro se luce con su humor y con citas que van desde De Beauvoir hasta Roberto Galán con el tecno pop de Rudie y la viola de Rey como colchón de fondo.

“Se encontraron Rudie y Sergio en el cumpleaños del Tano Zeoli, ex Los Látigos y actual El Dependiente. Creo que algo se dijeron onda ‘hagamos algo’”, recuerda Fabio por teléfono sobre la génesis de la reunión.


Rudie Martinez (Foto) se encontró con Fabio Rey en una fiesta, y empezó a germinar la semilla de ASPIC. /Foto Juano Tesone

Y sigue: “Empezó la cuarentena, y me llega lo que sería una base de batería y bajo, un loop, que me manda Rudie. Y me dice: ‘Fijate que podés hacer con esto’. Hago algo, se lo devuelvo y él se lo pasó a Sergio, que lo rearmó. Fuimos armando un Frankenstein. Cuando fue tomando forma me dije: ‘Ah, mirá que bueno esto que está pasando’. Ahí nos empezamos a entusiasmar y empezamos a armar más temas: muchos, nuevos; y otros que eran de Sergio, que los rehicimos. Laburábamos cada uno desde su casa, en la cuarentena, que fue violada por Rudie y Sergio (risas). Yo me encontré con ellos después, para hacer el video de la versión de Encuentro en el río musical, de Virus, que quedó afuera del disco”.

Pángaro, desde su casa, amplía el concepto: “En todo este tiempo que el grupo no existió, siempre nos vimos. Cada tanto nos cruzábamos en una fiesta y coqueteábamos con la idea no de regresar con San Martín, pero sí de volver a hacer cosas juntos. Porque el placer de tocar juntos nunca dejó de estar. La pandemia, como desconfiguró todo el mundo desde los cimientos, hizo que nuestros proyectos también quedaran stand by. Y esta broma que manteníamos tomó una dimensión extrañamente vigente. Se ve que había algo latente en lo que se había configurado en ese primer disco que quedó en la mitad. Y la verdad es que todo esto no fue nada consciente”.


La estampa “tanguera” de Sergio Pángaro, quien asegura que nunca dejó de estar presente el placer de tocar juntos. /Foto Juano Tesone

En la versión actual del trío, Rudie lleva la voz cantante: “Creo que evolucionamos como artistas, independientemente de que nos juntáramos o no. Igual, como estábamos con muchísimo tiempo libre pudimos investigar otras técnicas sonoras y de ejecución. No es que nos planteáramos hacer algo distinto. Ya somos distintos”.

Fabio retoma la idea desde el mismo lugar: “No buscamos repetirnos. Sonamos los tres como somos hoy. Pasaron veinte años y aprendimos muchas cosas. Yo trabajo para ser libre artísticamente. Es algo que no negocié nunca”.

En tanto, Pángaro aporta su visión desde su lugar de letrista. “La verdad es que esta enfermedad nos restringió un poco. Había algo que nos atravesaba, y no podés mirar mucho para otro lado. Sólo con el punto de partida de que hay algo, por primera vez en la historia conocida, que atañe a todo el planeta, hace que nos sintamos protagonistas de un tiempo excepcional. Desde ese lugar, todo atraviesa con una especie de trascendencia lo que se hable de sí mismo”, dice.

Y para que quede clara la explicación, apunta a un ejemplo. “Carhue cuarenta empieza como un cronograma. Yo no necesito aclarar nada cuando digo ‘día siete’. Doy por sentado que el oyente va a pensar en la cuarentena, o en la restricción a salir, o en el comienzo de una nueva era. No hay que decir mucho más. Y uno agradece esto, porque si no, estás en el límite de ser críptico, algo que nunca me gustó. Pero también estás con la dificultad de que te vuelvas muy explícito. Jugamos a favor con una tragedia”.

El humor en primera fila

En cuanto al humor, que es un poco una de sus marcas registradas, el crooner devela uno de sus trucos: “Todo es como una especie de equilibrio muy particular entre nosotros. Yo no me permito cualquier payasada. Sé que los chicos tienen su criterio y no pretendo que se sientan incómodos. Pero a la vez está esa especie de límite, donde si los hago reír a ellos es un triunfo mayor a si hago reír a una audiencia”.

Así como no quedaron del todo claros los motivos de aquella súbita separación, ninguno de los tres hace esfuerzo alguno por develar qué fue lo que realmente sucedió, más allá de que tras la pregunta Rudie pinte un buen retrato de la vida de aquel entonces. “De tocar seis meses seguidos todos los fines de semana un día nos dijimos ‘chau’, y cada uno se fue a su casa. No había redes, no había Whatsapp, si no encontrabas a alguien en el teléfono de línea no lo encontrabas, así que cada uno hizo su vida sin ningún problema”.

Pero sí, en cambio, están dispuestos a contar “la verdad de la milanesa” sobre la salida de Debut y despedida. Rudie dixit: “Esos eran nuestros demos. Fabio una vez me contó que el socio de Marcelo Montolivo -músico, periodista y productor discográfico condenado a 8 años de cárcel por abuso sexual contra su hija y prófugo de la justicia con pedido internacional de captura- en la Disquería Fénix, Miguel Pinto, que estaba en la Galería Bond Street, quería editar esos demos. Yo le dije que sonaban como el orto, y Fabio me pidió que firmara para sacarlos, porque él tenía contrato con Los Brujos y no podía hacerlo. Entonces, el chabón me apuró y me dijo que si no firmaba él los sacaba igual porque había registrado el nombre. Ahí yo le puse mi única condición: que lo tenía que masterizar (Eduardo) Bergallo y que yo tenía que ir al mastering”.

“Nadie entiende que son demos. Yo lo tengo que explicar todo el tiempo”, afirma Fabio. “Hay temas que se grabaron en mi portaestudio Tascam a casete de cuatro canales. Tenía dos canales que eran el stereo de las bases de Rudie, en otro canal la guitarra y en el otro cantó Sergio. Sergio cantó un tema atrás del otro en casa, en el living, sentado en un sillón. Astro de luz se grabó así”, completa.

De ahí a la cotización actual de $15 mil de Debut hubo un paso de unos cuantos años. Pángaro no sabía nada al respecto, y del otro lado del teléfono hace un silencio que puede interpretarse como sinónimo de asombro. Fabio apunta que no puede creer que pidan esa plata y Rudie tiene el mejor comentario: “Yo no tengo el disco, pero espero que vos lo tengas (risas). Mejor dicho, no es que no tenga el disco. Tengo la tapa original y el CD copiado (risas)”.


Fabio Rey dice que ahora tal vez estén dadas las condiciones para seguir adelante con la banda. /Foto Juano Tesone

Tras un par de presentaciones en La Tangente con lleno total (“El mejor concierto de mi vida, junto al de la Usina del Arte con Adicta. Nunca tuve un show tan genial”, se entusiasma Rudie) y la continuidad de sus proyectos paralelos (Los Brujos para Fabio; “un disco de música disco” de Rudie con Adicta y “una novela en la que vengo trabajando hace, por lo menos, treinta años”, según cuenta Pángaro), hay un plan serio de que San Martín Vampires tenga, en la medida de lo posible, una continuidad.

“Yo estoy comprometido, y creo que esta vez se pueden dar las condiciones”, expresa Fabio. “Esto de haber estados dormidos veinte años y resurgir en medio de una enfermedad nos divierte mucho. Al final todo tiene mucho significado”, reflexiona Sergio.

O sea, los vampiros sanmartinianos vuelven con la pandemia, y vuelven para quedarse. “¡Y sí, se mantuvieron veinte años en un cofre y de pronto salen cuando todos huyen despavoridos!”, cierra la charla, entre carcajadas, el cantante.

E.S.

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA