Ariel Sobko: Las minorías ganando derecho, lejos de disuadir, no hacen más que sumar fascinación en el fascista

El licenciado en Filosofía, Ariel Sobko, fue entrevistado por  Primera Línea acerca de su libro El Acto Político no-ideológico, en el que analiza, principalmente la situación del país durante las elecciones que llevó a Mauricio Macri a la presidencia en 2015. Allí desarrolla un par de conceptos mediante los cuales también hace referencia al comportamiento…

Ariel Sobko: Las minorías ganando derecho, lejos de disuadir, no hacen más que sumar fascinación en el fascista

El licenciado en Filosofía, Ariel Sobko, fue entrevistado por  Primera Línea acerca de su libro El Acto Político no-ideológico, en el que analiza, principalmente la situación del país durante las elecciones que llevó a Mauricio Macri a la presidencia en 2015.

Allí desarrolla un par de conceptos mediante los cuales también hace referencia al comportamiento social y la estrategia que tuvo el aparato macrista para llegar al poder. Pero también hace referencia al feminismo, a la lucha de las minorías, la tecnología y la marcha pública, a la que reivindica y destaca su carácter de pacífica.

La edición del libro corresponde a la editorial local Literatura Tropical y fue presentado a mediados del 2020. Sobko también presentó un libro de cuentos llamado El Aro Rojo, al que también hace referencia en la entrevista.

¿El “no hacer algo”, que se plantea en el artículo de “La Potencia de los 678.774 pelotudos” de su libro El acto político no-ideológico, es producido a la vez por el estado de excepción que también aparece planteado en el artículo?

No hacer, es, en efecto, un modo de nuestra potencia. En la vida cotidiana habitualmente nos proponemos no hacer algunas cosas para poder hacer otras que sería imposible llevarlas a cabo si no dejáramos de hacer las cosas que nos proponemos no hacer.

Más o menos así veía las cosas Aristóteles. Hay una potencia-de-no que es igualmente de positiva, es decir, igualmente de productiva que la potencia propiamente dicha. El artículo plantea la potencia de no votar a la Derecha en la Argentina como una potencia que había quedado instalada desde el Nunca más y del Juicio a la Junta Militar, que tendría su corolario histórico con la política de DD.HH. del gobierno de Néstor Kirchner.

Yo estoy persuadido de que el macrismo ganó las elecciones presidenciales del 2015 desinstalando en el electorado esta potencia-de-no votar a la Derecha. El estado de excepción, por lo demás, es otra cosa.

El estado de excepción es la suspensión del derecho dentro del derecho —que indudablemente ha sido cómo se ha conducido el gobierno de Macri, pero no podemos afirmar que sea lo que haya producido la desinstalación de la potencia de no votar a la Derecha, sencillamente porque el estado de excepción macrista vino después, una vez que llegaron al gobierno.

Mientras que la potencia de no hacer algo había sido utilizada por el macrismo para la campaña (el “SÍ SE PUEDE” sigue siendo lo mismo), el estado de excepción se utilizó como paradigma de gobierno, como dice Giorgio Agamben.

Me atrevo a afirmar que, en todo caso, es al revés: los cuatro años de gobierno de Derecha, entre el 2015 y el 2019, volvieron a afianzar la potencia de no votarlos nunca más, como se corrobora, de hecho, en las líneas del discurso de asunción al poder del actual presidente Alberto Fernández.

¿Este “no hacer algo” se trata de un mecanismo de control social?

La potencia de no hacer algo, en todo caso, es objeto de los mecanismos de control social, como es objeto de éstos la potencia propiamente dicha. El trabajo con los focus group y la utilización de las redes sociales en campaña por parte del macrismo, a mi juicio, tuvieron como objeto precisamente desactivar en el electorado la potencia de no votar a la Derecha.

¿Hoy en día podría aplicarse dicho concepto con respecto a la cuarentena?

No. La cuarentena sólo puso en acción los mecanismos constitucionales del estado de emergencia, que nunca traen resultados deseables, desde luego, lo cual es otro tema.

¿El microfascismo está en todos nosotros? En ese caso, ¿cómo cambiarlo?

 Yo no creo que necesariamente existan microfascismos en todos nosotros. Lo que creo es que, de existir alguna disposición fascista en nosotros, siempre se traduce como microfascismo, esto es, disposiciones fascistas que circulan en nuestros actos ciudadanos, en el ser con el otro de la vida cotidiana.

En cuanto al cambio, no soy tan optimista, pero sí, ocurre, desde luego, aunque siempre va a tratarse de un cambio en las disposiciones políticas ciudadanas.

 ¿Por qué sigue vigente en la Argentina un pensamiento tan extremo? Se lo vincula al catolicismo, por lo tanto, ¿las nuevas generaciones salen por fuera de esta estructura de pensamiento? Por otro lado, ¿se refuerza el fascismo con los derechos ganados por las minorías?

El fascismo es una máquina de guerra que construye su enemigo. La construcción de un enemigo es el objeto del fascismo. Por lo tanto, creo que las minorías ganando derecho, lejos de disuadir, no hacen más que sumar fascinación en el fascista, consolidar su ser en sí. Todo pareciera indicar que el fascismo, en efecto, se refuerza con el refuerzo de su enemigo, como un parásito.

En el artículo “Los Verdurazos no son ideológicos” pareciera haber un llamado a “despertar a la gente”, por así decirlo, al pensar sobre el acto político no-ideológico. ¿La espontaneidad es la mejor manera de representar este tipo de acto político?

La filosofía política es un género —como es un género la novela negra, el teatro de la crueldad, etcétera—, crea conceptos que se apoyan en otros conceptos que pertenecen a la misma filosofía política, como lo hace cualquier género .

Así se topa con muchos términos técnicos y lugares comunes en la argumentación, y el ejercicio de la persuasión sobre las ideas que se exponen, pareciera ser inevitable en la argumentación de la filosofía política. Si uno lee a Giogio Agamben, a Roberto Espósito, a Tiqqun, incluso si escucha a José Pablo Feinmann, al que sea, exponiendo filosofía política, siempre está presente esta especie de llamamiento. Por eso, cualquier referencia por el estilo no tiene ninguna pretensión, se trata de una característica del género.

Por lo demás, yo urdí el concepto de acto político no-ideológico —apoyándome en otros conceptos filosóficos, como explico— para entender, desde la teoría política, cómo funcionan algunos hechos sociales, de carácter indiscutiblemente políticos (como puede ser la marcha pública), que no se reducen en todos los casos a motivaciones específicamente ideológicas.

Cuando los productores de verduras van a una plaza pública a regalar su producción y protestar ante las cámaras el sobre precio que existe por sobre la miseria que ellos reciben, cuando se marcha por Ninguna Menos o por la legalización de la marihuana o, cuando no lo era, por una ley del aborto, ninguna ideología puede acreditarse las motivaciones personales de los que protestan, y sin embargo nadie va a decir que no se trata de motivaciones políticas en el buen sentido de la palabra.

En cuanto a la espontaneidad, me parece algo irrelevante, no quiero evadir la respuesta pero es lo que pienso. Bajo mi punto de vista, la espontaneidad, en el sentido de la gesta inmediata de las motivaciones de las personas que participan de hechos sociales, no agrega nada al hecho en sí.

Si una marcha pública se vuelve verdaderamente multitudinaria, no importa si ha sido convocada o auto-convocada porque ya es multitudinaria, y si no lo es, importa menos el carácter de la convocatoria.

Si hoy nos emancipamos, ¿de qué lo haríamos? ¿de la tecnología, del consumismo?

La tecnología y el consumismo son bienes de este mundo que el poder administra y distribuye. En todo caso, nos emancipamos del poder y el poder es lo que disminuye nuestra potencia, la potencia de acceder, en definitiva, a los bienes del mundo.

Pues bien, cuando hay un poder político que disminuye nuestra potencia lo que hace es separarnos del contexto que permite nuestra formas-de-vida, esto es, una vida que no puede separarse de su forma, o sea una vida que desaparece o se borra si desaparece o se borra su contexto.

La forma de una vida, en efecto, proviene del encuentro entre la vida y su contexto. El poder político, en este sentido, es una máquina abstracta de cambiar, borrar, hacer desaparecer determinados contextos, para que la vida no pueda adquirir determinadas formas que esos contextos permiten.

De cualquier manera, para mí es posible una emancipación de este poder insistiendo en una forma-de-vida, sosteniendo los contextos, y, por otro lado, he observado que determinados acontecimientos sociales —como los que vengo nombrando (determinadas marchas públicas, la auto-gestión en general)—, en cuyos hechos los participantes no responden a ideologías, no permiten entrar, por así decirlo, al poder, porque actúan ligados a sus formas-de-vida.

De todas formas, deberíamos advertir que también existen marchas y manifestaciones sociales que provienen y se definen estrictamente por ser ideológicas, como ha sido el caso de las marchas de 678 del Kirchnerismo o del SÍ SE PUEDE del macrismo.

En el artículo “Qué Osada Eres” se plantea la lucha de la mujer. Hoy en día, ¿cómo es la relación entre hombre y mujer? Le toca un determinado papel al hombre, dentro del feminismo?

 Hoy en día sin dudas hay una relación inédita entre el hombre y la mujer. Llevamos siglos de una relación violenta entre los géneros que ahora se está visualizando y poniendo en el tapete en el Derecho.

En cuanto al papel del hombre en el feminismo, me parece que debe acompañar activamente, hay una enorme mayoría que está de acuerdo con el feminismo y eso no se puede desaprovechar. Ese papel del hombre correcto con el feminismo que hoy pudiese reclamarse, por lo demás, lo cumple muy bien el Presidente Alberto Fernández.

Con respecto al artículo “La Infancia en tiempos de Cambiemos”, hoy en día, se transita una infancia entre videojuegos y poco conocimiento, ¿es más que nunca una infancia que no envidia a otro tiempo? ¿Debería ser más ambiciosa y pensar un tanto más en el futuro?

 “Entre las particularidades más dignas de mención del temple humano, cuenta la general falta de envidia del presente respecto al futuro.” La frase de Lotz que cita el artículo es imprescindible para pensar la infancia, y funciona con el hecho de que la infancia —no-hablar— es, por así decirlo, el reseteo de la Historia, donde el mundo vuelve a cero, vuelve a empezar, como expone bellísimamente Agamben en Infancia e Historia.

Por otra parte, como piensa Alain Badiou, debemos ser contemporáneos, por desértico que sea, del veredicto del mundo, porque, al fin y al cabo, a ese tiempo pertenece nuestra potencia y lo que digamos y hagamos lo diremos y haremos con sus significantes de época. Innegablemente, esta época plantea un  gran atractivo en materia de tecnología y consumismo para quien la transita, pero cuanto menos es vertiginoso cuando no desagradable ver a los niños capturados por las pantallas durante horas.

Ahora bien, es evidente que el capitalismo irá a insistir en las pantallas —vamos hacia las pantallas como polillas a las llamas—, y va a pasar mucho tiempo para que se presente alguna novedad. El futuro está lejos, y, aunque parezca cruel —todo es muy cruel en esta época—, tendremos que adaptarnos activamente al presente con sus juegos electrónicos y su falta de conocimiento.

 En el último artículo “Ontología de la marcha pública”, ¿el acto político no-ideológico es inevitable? ¿También está en todos nosotros? ¿La marcha pública es la solución espontánea más significativa?

 En efecto, el artículo formula una teoría escueta del acto político no-ideológico como algo presente en todas las presentaciones de lo político.

Para poder explicar cómo es posible esta suerte de omnipresencia de lo no-ideológico, he tomado estratégicamente la Teoría de los conjuntos y he identificado al acto político no-ideológico con el vacío.

Así pude deducir que el acto político no-ideológico está incluido en todos los actos que responden a las ideologías como el vacío está incluido en todos los conjuntos, comportándose como una especie de nombre propio de lo político.

Por lo demás (algo ya hice referencia), la marcha pública no deviene necesariamente de lo espontáneo, asumiendo que lo espontáneo es más bien un significante de épocas revolucionarias, por lo que, de algún modo o de otro, sirve para liquidar a veces el carácter violento de algunos hechos sociales. Bajo mi punto de vista, la marcha pública, antes que definirse por ser espontánea o no, antes que nada, la marcha pública es pacífica.

 Por otro lado, la marcha pública, ¿es el camino para terminar con la grieta?

 La marcha pública es un modo de práxis política, como lo es el piquete, aunque de naturaleza pacífica. En tanto práxis política es una máquina de guerra que hace agenciamiento maquínico con lo ideológico tanto como lo hace con lo no-ideológico.

Pues bien, de guiarnos por lo que sucede en las tomas de las calles, que tradicionalmente pertenece al peronismo y tardíamente a la izquierda, todo parece indicar que, cuando se vuelve no-ideológica, cuando se toman las calles por una causa que no puede ser exclusiva de ninguna ideología en particular, y en la medida en que esto es así, en efecto, lo no-ideológico permite un cese de la grieta, dado que, dicha grieta, pertenece al ámbito de lo ideológico.

Por último, sobre el libro de relatos El Aro Rojo: los protagonistas pertenecientes a las tres historias se ven sometidos a situaciones extremas pero finalmente logran salir a flote, al menos eso parece. También se observa una cuestión directa con el trabajo y el hastío dentro de la sociedad en que viven. Las tres historias suceden a personas de distinta clase social. Por otro lado, las drogas aparecen como un punto de inflexión en las historias.

 Los protagonistas de los relatos del libro El Aro rojo, en efecto, se someten a situaciones límites de las que, al menos en apariencia, logran salir a flote.

En “El aro rojo” la protagonista prueba la cocaína y hace un video porno con un desconocido en una fiesta sin haberse propuesto hacer nada, en “El diseñador enmascarado” un estudiante de diseño gráfico que trabaja en un Call Center tiene una crisis que lo lleva a involucrarse en un siniestro en su lugar de trabajo que le desfigura la cara, y en “Cinco entregas para un psiquiatra” un RR.PP. de boliches sufre una sobredosis de cocaína que lo lleva a una depresión mortal de la cual termina recuperándose. Y el hecho de que logren salir a flote, se debe a que esas situaciones límites son situaciones límites ordinarias de gente común en contextos comunes, por así decirlo, que advierten que sus situaciones límites, al contrario de lo que dice o decía la literatura existencialista, no cambian en nada sus vidas.

Las drogas están presentes en los tres relatos, y está presente el trabajo, desde luego, y debo confesar que me has revelado al respecto, ya que en un principio quería titular al libro “El trabajo y los días”, por todas las referencias, que originalmente incluía dos relatos más con la misma combinación que decidí descartarlos porque eran de ciencia ficción y yo quería hacer un libro realista. Al final quedó El aro rojo, ja.

Fotos: gentileza Laura Aguirre

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