Aníbal Duarte: el ángel guardián del placard del Teatro San Martín

No quería saber nada con salir del placard. Dicen que salir del closet es un ejemplo de libertad y blá blá, pero al tipo no le importaba ni medio la condena social ni eso de romper el círculo vicioso de vivir mintiendo. Se tuvo que jubilar Aníbal Duarte. Fue la única manera. Lo exacto sería decir…

Aníbal Duarte: el ángel guardián del placard del Teatro San Martín

No quería saber nada con salir del placard. Dicen que salir del closet es un ejemplo de libertad y blá blá, pero al tipo no le importaba ni medio la condena social ni eso de romper el círculo vicioso de vivir mintiendo. Se tuvo que jubilar Aníbal Duarte. Fue la única manera. Lo exacto sería decir que al vestuarista estrella lo arrancaron del closet después de 30 años al servicio del Teatro San Martín.

No todos saben que el complejo tiene un ropero gigante donde se almacena la ropa de cada una de las obras que se hicieron desde 1963 a la fecha. Y Aníbal estuvo ahí, siempre entre perchas, conviviendo con ácaros, conociendo todos y cada uno de los secretos de la naftalina.

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Al closet se suele entrar pata de lana y se sale gay. Raro lo que sucede puertas adentro. En su caso, ingresó siendo sastre y salió convertido en una carga social.

Pero ahora estamos inmersos entre trajes y disfraces, sintiéndonos como los integrantes de The Cure en el video Close to me, cómodos en la claustrofobia que corresponde a cualquier armario.

Una capa de Alfredo Alcón que se hizo con pedazos de tela que Duarte encontró en la basura. La prenda se conserva bajo llave. Foto de Luciano Thieberger..

Hay miles de trajes y vestidos que vistieron los actores y las actrices que pasaron por el teatro. “El vestuario más grande de Sudamérica”, saca pechito argentino Aníbal, y lo saca en nombre del histórico detrás de escena. 

Por acá pasó Marie Kondo. Parvas de ropa. Debe haber sido su máximo desafío. La marikondización es evidente. “Mucho cuidado”, advierte cuando metemos los dedotes en un capa que usó el excelentísimo Alfredo Alcón. Duarte ya era Jefe de Sastrería cuando presentó el proyecto de construir el “Gran placard”.

Lo suyo consistía en organizar todo el vestuario que se desprendía de las obras de los teatros San Martín, Regio, Alvear, De la Ribera y Sarmiento. El “placard” es un depósito infernal que queda en Chacarita. El objetivo: impedir el deterioro de alrededor de 35.000 prendas que conforman el patrimonio de uno de los más prestigiosos y vanguardistas teatros de América Latina.

Deben ser pocos los roperos que permiten visitas guiadas. Aquí dentro todo está estructurado como para eso. Es como un barrio. El ropero tiene sus calles, sus señales de tránsito. Se puede doblar a la izquierda y encontrar maniquíes explicativos donde figura el nombre del actor, cuándo, dónde y en qué obra.

“La ropa se estaba pudriendo. Había que tirarla”, cuenta Aníbal.

Se organizan visitas guiadas al placard. Duarte ya se jubiló, pero no pierde oportunidad para pasar a ver cómo estas sus “criaturas textiles”. Foto: Luciano Thieberger.

Alejandro Urdapilleta (QEPD) se quejaba de que el vestuario del San Martín le producía alergia y que cada vez que se lo ponía tenía pánico de estornudar en medio de una función.

En 2015 le dieron bola post mortem y, quizás atendiendo el reclamo, inauguraron este espacio lejos de las luces del centro. Ay, si hoy lo pudieras ver Alejandro querido… en el placard donde está la ropa que vos usaste, ni siquiera hay olor a ropa.

Libre de tóxicos y polillas, ya sea en invierno o en verano, el placard tiene la temperatura justa de 16 grados. “Es lo que necesita la ropa para no ponerse fea”, observa Duarte.

Como en el Louvre con la Mona Lisa, el que entra al Gran placard Del San Martín quiere saber qué usaba Alfredo Alcón.

“Esto”, dice Aníbal después de recorrer un largo camino que desemboca en una Meca textil. “Esta capa se la hicimos con ropa que encontré en la basura… Pero vení, vení. ¿Y esto qué te parece? Es lo más antiguo que podés encontrar en el placard”. ¿Qué es? “La vestimenta que usó Francisco Petrone en una obra de 1963”.

-¿Cuánto cuesta?

-No, querido, no se vende. Esto es una colección. Apenas, si se prestan o se alquilan. Nada de lo que está acá se vende.

Renata Schusseim. Renata Schusseim. Renata Schusseim. No paramos de leer su nombre. “Es que el 30 por ciento del vestuario sanmartiniano está hecho por Renata Schusseim”. Ahhh. “Mirá: este es el traje de payaso que usó Víctor Laplace cuando hizo Pepino el 88”.

¿Y ése? “Un vestido de Muriel Santa Ana. Los actores no suelen elegir sus vestuarios, pero a veces hay problemas con algunos. Hay actrices y actores complicados”. ¿Nombres? “Elena Tasisto era complicada. Había que ponerle los puntos. Un vez se llevó un vestido a su casa y no lo devolvió nunca más”.

¿Y este? “De María Estuardo en la versión de 1981”. ¿Y esa chaqueta? “Osqui Guzmán la usó en El niño argentino, de Mauricio Kartun. Y ese bonito vestido era Juana Hidalgo. Lo vistió en una obra dirigida por Jorge Lavelli”.

Libre de tóxicos y polillas, el ropero tiene la temperatura justa de 16 grados. “Es lo que necesita la ropa para no ponerse fea”. Foto: Luciano Thieberger.

El sastre mayor de obras ahora para delante de un vestido muy muy lindo que usó Paola Krum. A un metro, el traje de Joaquín Furriel. Pícaro Duarte. La cercanía entre uno y otro está dada por la obra que protagonizaron, en 2005, Sueño de una noche de verano, y porque “el romance de ellos –antiRialismo- empezó en los ensayos del Teatro San Martín”.

Nos encanta Paola Krum. Aprovechamos que Duarte se perdió entre tutus de ballet clásico para abrazarnos al vestido de su personaje. Lo agarramos fuerte y de la cintura. Como si fuéramos a bailar un vals.

“Hemos dejado los dedos en esta textura”, irrumpe el sastre señalando una prenda del Romeo y Julieta que dirigió Alicia Zanca en 2002. El vestido bordado con lentejuelas cubrió el cuerpo de Laura Novoa. Pasamos por la ropa de una pieza dirigida por Alfredo Arias. Por un Pepe Soriano circa 1969, por un vestido que usó Mía Maestro en la versión de Boquitas pintadas de Oscar Araiz.

Un chisme: Duarte dice que hay actores que no usan calzoncillos, así como hay actrices que tampoco usan corpiño ni bombacha.

-Nombres, Duarte.

-Ni loco.

-¿Gerardo Romano?

-No sé. Hay un actriz que… Te lo digo si prometés no publicarlo.

Y dice un nombre que empieza con E y un apellido que empieza con M.

-Wau. ¡Debe estar buena desnuda!

-No me hagas hablar…

Preguntamos por Luisana Lopilato, que también puso su nombre en el Teatro San Martín, pero Duarte no sabe, no contesta. Lopilato, Aníbal, la chica de Casado con hijos, la esposa de Michael Bublé. “Si, sí, pero no sé dónde está su ropa”.

Oka, entonces se nos antoja averiguar por los talles de Anabel Cherubito. ¿Cuántas mujeres pasaron de Playboy a integrar el elenco del Teatro San Martín? Duarte pareciera no entender. Uno insiste con Cherubito pero él parece haber escuchado Luisa Vehil.