De la Generación Dorada a la nueva era: cómo fue la renovación en la Selección camino al Mundial de China

Luis Scola casi que detesta la palabra. Cada vez que alguien le habló de “recambio” en la Selección argentina de básquetbol, el capitán se apresuró en desactivar la bomba y explicar -a veces hasta el hartazgo- que el “recambio” como tal no había existido. Que todos los años habían entrado y salido jugadores del equipo…

De la Generación Dorada a la nueva era: cómo fue la renovación en la Selección camino al Mundial de China

Luis Scola casi que detesta la palabra. Cada vez que alguien le habló de “recambio” en la Selección argentina de básquetbol, el capitán se apresuró en desactivar la bomba y explicar -a veces hasta el hartazgo- que el “recambio” como tal no había existido. Que todos los años habían entrado y salido jugadores del equipo nacional.

Y es cierto. Quizá pocos los recuerden, pero entre ausencias de peso varias y modificaciones técnicas, por rendimiento o gustos de los entrenadores, en los tres planteles que fueron de 2012 a 2015, cambió casi la mitad del grupo.

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Los grandes logros de la camada más importante en la historia del básquet albiceleste y la vigencia que mostraron varios de sus miembros tuvieron otras implicancias reconocidas por los propios protagonistas: “taparon” la llegada de nuevos integrantes. Por eso hubo nombres que, pese a las avanzadas edades, se repetían y se repitieron desde 2002, con Emanuel Ginóbili, Luis Scola y Andrés Nocioni a la cabeza.

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Pero es también cierto que hay un núcleo que se fue estableciendo precisamente desde el último Mundial, el de España 2014 -justo cuando se cumplía una década de la gesta olímpica de Atenas-, y que se reforzó a partir del Preolímpico 2015.

En aquel certamen mundialista, el primero que no tuvo a Argentina entre los cinco mejores desde 1998, jugaron por última vez dos Dorados como Walter Herrmann y Leonardo Gutiérrez; también se despidió un bronce olímpico como Pablo Prigioni y fue -aunque luego volvió a estar en diversas convocatorias- el último torneo grande de Marcos Mata. Scola no se preocupó: “El futuro no es nada oscuro”, auguraba el capitán.

Tiago Splitter celebra el triunfo de Brasil ante Argentina en los octavos de final del Mundial 2014.

Y tendría razón. En 2015, entonces, Argentina viajó a México con siete de los que habían sido undécimos en el Mundial ibérico. “Los chicos ya tomaron la posta y la Selección es de ellos. No hay nadie más. Son los que van a estar durante los próximos diez años. El equipo es de Laprovittola, Campazzo, Deck, Brussino, Delía… Hasta dónde podemos llegar con ellos es un misterio que se descubrirá con el tiempo”, decía Scola en una entrevista con Clarín antes de arrancar el torneo.

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Fue un certamen fundacional para algunos jugadores, que lograron con aquel subcampeonato en el Preolímpico FIBA Américas no sólo a que la Selección se clasificara a Río 2016, sino también ganarse un lugar en esa consideración de -más o menos ayudados por sus rendimientos en los equipos- ser “seleccionables”.

Fueron los casos de tres que debutaron con la Mayor en ese torneo: Gabriel Deck, Nicolás Brussino y Patricio Garino crecieron bajo el ala de Scola y Nocioni, cuyo abrazo una vez consumado el durísimo objetivo quedó grabado en todas las retinas basquetboleras.

Luis Scola y Andrés Nocioni en el Preolímpico FIBA Américas de México 2015. (Foto: FIBA)

Para los Juegos Olímpicos de Río, Sergio Hernández fue consecuente no sólo con los nombres que habían ganado el privilegio de disputarlos, sino también con sus actualidades. Repitió 9 nombres y les sumó a Manu, el regreso (y despedida) de Carlos Delfino y el refuerzo en la pintura con Roberto Acuña.

Se cerró allí una inolvidable trayectoria con la Selección para Ginóbili y Nocioni y el primer torneo grande de la actual camada. “Fueron 15 años con casi los mismos jugadores. Eso no pasa habitualmente”, reflexionaba Manu con los ojos vidriosos. “Hay que dejarle paso a todos los chicos. Creo que mi puesto está bien cubierto. Ojalá tengan toda la suerte del mundo y sigan trabajando y progresando”, decía un emocionado Chapu pensando en el futuro.

Manu Ginobili saluda tras la derrota de Argentina en los Juegos de Río 2016.

La Americup 2017, torneo en que se transformó el viejo FIBA Américas a partir de la reestructuración del sistema clasificatorio, fue el primer torneo completamente dominado por esta camada. Tuvo la aparición de Lucio Redivo, ex goleador de Bahía Basket y refuerzo goleador desde el tiro externo, una aparición sorpresiva y saludable de Javier Saiz ante la lesión de Luis Scola y el regreso de Tayavek Gallizzi.

Con el plantel más joven del torneo, la llegada a la final del certamen (increíble derrota con Estados Unidos luego de ir 20 puntos arriba) fue un espaldarazo para el grupo, que sostuvo el núcleo con apenas algunas modificaciones e inclusiones de varios jugadores de la Liga Nacional para las nuevas Eliminatorias.

Y son once de doce los nombres que se repiten de aquella Americup en este Mundial. Sólo Saiz, que no pudo sostener el buen nivel que había mostrado entonces, dejó su lugar para la entrada de Agustín Cáffaro, voluntarioso interno de 24 años que explotó esta última temporada al ser titular en Liga por primera vez, en Libertad de Sunchales, y pasó al tetracampeón San Lorenzo.

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Y ocho de los 12 estuvieron en aquel Preolímpico de México. No están Nocioni, Selem Safar, Leonardo Mainoldi y Nicolás Richotti, sí Scola, Campazzo, Laprovittola, Garino, Deck, Delía, Brussino y Gallizzi más Cáffaro, Máximo Fjellerup, Redivo y Luca Vildoza, talentoso base que iba a estar en México 2015 pero sufrió una lesión que lo marginó.

Está claro: la base está y el recambio terminó. Incluso podría ser el último torneo de Scola. Los fanáticos esperarán que no y que esa despedida, clasificación mediante, sea en Tokio 2020.