Tiempos electorales

Todo aquel que se postula como candidato quiere ganar. Todos piden confianza: que les crean, apuesten, les den la oportunidad. Los ciudadanos no quieren sufrir ni esforzarse más, aunque algunos se beneficiaron con la política actual. Confianza están pidiendo bastante por no decir mucho. La gente ya aprendió que las promesas son frases afectuosas, vacías…

Tiempos electorales

Todo aquel que se postula como candidato quiere ganar. Todos piden confianza: que les crean, apuesten, les den la oportunidad.

Los ciudadanos no quieren sufrir ni esforzarse más, aunque algunos se beneficiaron con la política actual.

Confianza están pidiendo bastante por no decir mucho. La gente ya aprendió que las promesas son frases afectuosas, vacías de contenido, y si no lo son y realmente las intenciones son genuinas, no siempre tienen plena conciencia de la realidad. Y la realidad se mide en números, y hasta los censos han caído en un maquillaje que ellos mismos se confunden. Las matemáticas no mienten.

¿A quién votarán los ciudadanos? Al que le tengan más confianza. Termino que viene de fe. Aquel que no tuvo problemas con la ley, ni juicios, acusaciones, no mintió, no se enriqueció.

Pareciera que ese nombre todavía no ha salido a luz o recién empieza a caminar por entre la gente. Quieren tenerle confianza pero sentirlos cerca de la realidad. Caminar en terreno y sentir tanto el calor de la gente como ser algo más que espectador de las necesidades. No solo de la pobreza, sino de esa clase media que se ha empobrecido, de ese emprendedor que ha resistido, de ese empresario que ha apostado, de ese cuentapropista que la ha peleado.

Todos ellos necesitan gobernantes de confianza, que puedan y sepan manejar la realidad que se muestra en números, aunque tengan nombre y apellido.

Es decir, para tenerles confianza, la información los equipos de trabajo y la vocación política, son imprescindibles, como tener un corazón sin especulaciones.