El calvario de la atleta brasileña Ingrid Oliveira: “Todo fue porque soy una mujer que tiene sexo”

Participar de un Juego Olímpico es el sueño de cualquier atleta de alto rendimiento. Disputarlo en su país es un anhelo que pocos pueden concretar. Ingrid Oliveira llegó a Río 2016 con ilusión. Un año antes, en los Panamericanos de Toronto y después de una caída dolorosa en uno de sus saltos, había ganado la medalla…

El calvario de la atleta brasileña Ingrid Oliveira: “Todo fue porque soy una mujer que tiene sexo”

Participar de un Juego Olímpico es el sueño de cualquier atleta de alto rendimiento. Disputarlo en su país es un anhelo que pocos pueden concretar. Ingrid Oliveira llegó a Río 2016 con ilusión. Un año antes, en los Panamericanos de Toronto y después de una caída dolorosa en uno de sus saltos, había ganado la medalla de plata en la prueba sincronizada de trampolín de tres metros junto a su compañera Giovanna Pedroso. Y en Brasil eran candidatas. Pero sus 20 años y una atracción hacia un compañero de la delegación nublaron su juicio, y eso a lo que ahora recuerda como “un error” marcó su carrera.  

El 5 de agosto de 2016 Río de Janeiro vivió su noche mágica con la ceremonia de inauguración. Cuando terminó, la clavadista arregló un encuentro con Pedro Gonçalves, un remero brasileño, en su habitación de la Villa Olímpica. Se habían conocido en 2015, en los Juegos Panamericanos, y hasta ese momento su vínculo se restringía a las redes sociales.

Los medios la criticaron: hablaron de un “maratón sexual” y la tildaron de irresponsable por haber tenido sexo el día anterior a la competencia. Nadie, siquiera, se dignó a chequear esos datos: Oliveira recién compitió el 9 de agosto, cuatro días después, en el salto sincronizado desde la plataforma de 10 metros junto a Pedroso. También dijeron que la habían expulsado de la delegación pero eso también fue mentira, porque la joven brasileña volvió a competir el 17 de agosto en las eliminatorias de 10 metros individuales. ¿Los resultados? Últimas con su pareja de saltos y 22° de 28 competidoras en la prueba individual.

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“Llevé a Pedro Gonçalves a mi habitación. Pero no fue en la víspera de la competición de ninguno de los dos. Y no pasó la noche conmigo. No eché a nadie de la habitación y no me expulsaron de los Juegos. Lo que hice estuvo mal y soy consciente de ello. Me torturé mucho pero me di cuenta de que el trato que recibía no era justo”, cuenta la brasileña.

“En los Juegos nos encontramos y empezamos a hablar y al final quisimos algo más. Antes de la ceremonia de apertura hablé con mi compañera de habitación para ver si podía llevarlo allí. Me dejó. No fui la única. Muchos también lo han hecho en otras competiciones… Tendrías que haber visto el número de preservativos que repartieron en la Villa. ¿Qué eran, para hacer globos? Bolt se llevó a una chica sin acreditación a la habitación y hubo gente que hizo Tinder para ligar. Pero esos casos no se filtraron”, recuerda ahora, a casi tres años, en el sitio brasileño UOL.

Ingrid de Oliveira y Giovanna Pedrosa en su presentación en Río 2016.

¿De qué trato habla? “Fui acosada por el todo el mundo. Me han asediado. Recibí pornografía. Recibí propuestas para hacer programas sexuales, no de televisión. Y perdí trabajo. Fui atacada por medios del mundo entero. En Wikipedia me definieron como ‘la niña que hizo pértiga’. Escribieron historias que no viví. Todo porque soy una mujer que tiene sexo“, remarca. Por eso, decidió contar quién es y lo que ha vivido.

A veces las personas me paran y me preguntan ‘¿Sos Ingrid?’ ¿de la olimpiada?’ Y yo ya me imaginaba a aquella persona leyendo noticias hablando de mí: maratón de sexo salvaje, orgía, polémica. A la gente le gusta utilizar esa palabra para hablar de mí: ‘polémica’. Eso cuando no hablan de mi culo. Pasé de 90.000 a 250.000 seguidores en Instagram”, relata.

Sus días en la Villa Olímpica fueron una “tortura”. “Salía solo una vez al día, para tomar el desayuno. O si mi entrenamiento era por la tarde para almorzar”, dice. Y agrega: “La historia fue distorsionada y yo quería contar mi verdad, pero mi entrenadora me decía que ya lo iban a olvidar. Pero no fue olvidado”. 

Ahora puede entender que lo que sufrió fue “machismo”. “Yo entraba en el Instagram de Pedro y no había insultos. Le decían ‘enhorabuena, tú eres un macho’. En el diario aparecía una foto de él con una medalla de oro y mi foto dentro. Las personas que tratan al hombre de semental son las mismas que llaman a la mujer puta. Era ridículo”, expresa.

La comparación, además, representaba un nuevo golpe: “En el mío, además de escribir cosas asquerosas que no quiero reproducir, me mandaban fotos desnudos por mensaje directo. Uno hasta me preguntó: ‘¿cuánto cobras para tener sexo conmigo?’ ¡Ay que odio! Mi voluntad era excluir de la humanidad. ¿Tiene esa opción?”.

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“Es todo tan loco que hicieron un relevamiento y quedé como uno de los cinco atletas más comentados de las Olimpiadas en todo el mundo. Yo, Simone Biles, Michael Phelps… Tengo más seguidores que Jack Laugher, que ganó el oro en los Juegos Olímpicos. ¿Sabés por qué? Porque yo simplemente tuve sexo. Ellos hicieron que mi culo valga más que una medalla olímpica“, confiesa en una extensa y cruda carta.

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Revela que con su compañera de clavados no habló nunca más pero aclara que ella no fue quien lo filtró a la prensa. Que sabe quién lo hizo pero que no lo dirá. Y que el remero Pedro Gonçalves no fue machista, que la contuvo en todo momento. Aclara que le costó volver a relacionarse con otra persona, porque tenía miedo de que creyeran que “era una chica fácil”, pero que ahora está de novia con Gabriel, quien la “conocía de antes”. Y, mientras rearma su vida y su carrera, busca dejar de ser “la chica linda de los saltos” para ser reconocida como “la atleta Ingrid Oliveira”.

JD